A menudo oímos hablar de la dependencia económica de los países más pobres hacia las grandes potencias y de cómo las relaciones internacionales están marcadas, salvo algunas excepciones, por una clara división entre Norte-Sur.

Sin embargo, ¿sabes a qué nos referimos exactamente cuando utilizamos estos términos?

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¿Qué entendemos por dependencia económica?

Antes de entrar de lleno a ver qué significa la dependencia económica de unos países a otros, empecemos por mirar cómo surgió el concepto de subdesarrollo y qué implica para el desarrollo social y los derechos fundamentales de las personas.

¿Sabías que el concepto de país del Tercer Mundo se materializó inmediatamente después de la II Guerra Mundial? Con ella, el mapa internacional quedó dividido en dos grandes bloques: el socialismo (liderado por la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS) y el capitalismo (comandado por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido).

A los países que por razones políticas, económicas o militares quedaron excluidos de estos dos grupos, se les aglutinó en un tercer grupo llamado Tercer Mundo, muchos de los cuales, por no decir la mayoría, compartían una característica: niveles de desarrollo social y económico más bajos así como la situación de pobreza en la que se encontraban sus habitantes.

Desde entonces se acuñó el término tercermundistas para nombrar a estos países, los cuales, azarosamente, estaban ubicados en la parte sur del globo terráqueo. De ahí que en la actualidad se hable de las relaciones Norte-Sur. ¿Te suena el concepto?

Las condiciones de pobreza, desigualdad y precariedad han hecho que a lo largo de las décadas se genere una dependencia económica de los países que se encuentran en el Sur hacia los considerados “potencias mundiales” u otros organismos internacionales crediticios como, por ejemplo, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Hablamos de deudas millonarias que no siempre se pueden suplir debido a sus condiciones o por los cuantiosos intereses que conllevan, y que algunos países proyectan a largo plazo, empeñando el futuro de las generaciones venideras. ¡Veamos ahora en qué se materializa!

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Dependencia económica: cómo se manifiesta

La pobreza no es, como muchos creen, la causa de la dependencia económica. De hecho, en el mundo existen varios ejemplos de países potencialmente ricos que, sin embargo, tienen bajísimos niveles de desarrollo y bienestar social. ¡Te sorprenderías!

En realidad, dicha dependencia es el resultado de situaciones políticas que han caracterizado momentos específicos de nuestra historia, las cuales han permitido que unos países se impongan sobre otros en condiciones inequitativas; lo han hecho, más bien, sacando provecho de ellas e impidiendo que los denominados países tercermundistas se gobiernen a sí mismos.

Una forma clara de apreciar el dominio que una potencia ejerce sobre otros países es a través de la imposición de políticas económicas, las cuales, antes que favorecer a los habitantes de dichos países, suponen cuantiosos réditos para los segundos. Algunos tratados de libre comercio son el mejor ejemplo de estas relaciones desiguales.

Es decir, existe dependencia económica cuando los países no pueden decidir por sí mismos sus propias políticas de desarrollo y, por el contrario, obedecen lo que mercados mucho más fuertes les imponen. ¡Así de simple y complejo a la vez!

Países pobres: claves para eliminar la dependencia económica

En América Latina, África y Asia están ubicados la gran mayoría de los países del denominado Tercer Mundo, casi todos con enormes compromisos crediticios que les obligan a adoptar las medidas que les imponen las potencias de sus respectivas regiones. Son países que están en una clara desventaja comercial.

Además, las medidas que les son impuestas, lejos de contribuir a la reducción de los niveles de pobreza y desigualdad, en casi todos los casos ahondan aún más la brecha social y la precariedad de sus habitantes. En realidad, es una especie de círculo vicioso que genera beneficios para ciertos grupos económicos.

¿Cómo romper dicho círculo? ¿Qué medidas se pueden implementar para reducir la dependencia económica de los países del Sur hacia los del Norte? No es una cuestión sencilla, pero trataremos de responder a ella proponiendo un par de decisiones que seguramente contribuirían a alcanzar dicho objetivo:

1. Perseguir el fraude tributario y eliminar los paraísos fiscales

Muchas de las grandes fortunas de los países más pobres del mundo no tributan lo que legalmente deberían. Evaden impuestos y se fugan hacia paraísos fiscales que les ofrecen enormes beneficios y confidencialidad. Una buena manera de mejorar los niveles de vida de las personas es reinvirtiendo dichos capitales en políticas sociales, lo cual, a largo plazo, supone un fortalecimiento económico a nivel interno que hará más difícil el sometimiento a políticas externas.

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Hacienda no somos todos, mientras tú pagas las grandes empresas tributan 10 veces menos, tienen filiales en paraísos fiscales y son responsables del 72% del fraude fiscal en España. (c) Francisco Poyatos / Oxfam Intermón

2. Aprovechar la ventaja demográfica

América Latina es la región del mundo con mayores índices de desigualdad, pero a la vez es una de las que cuenta con más población laboralmente activa. La idea es encauzar esta fuerza productiva en el crecimiento y fortalecimiento de sectores que puedan sustentar las economías nacionales.

Manifestación de mujeres pertenecientes a la Ruta Pacífica de las Mujeres. La Ruta Pacífica de las Mujeres es una propuesta política feminista, de carácter nacional que trabaja por la tramitación negociada del conflicto armado en Colombia, y por la visibilización de los efectos de la guerra en la vida de las mujeres. (c) Santiago Aguirre Sánchez / Ruta Pacífica de las Mujeres

3. Impulsar un comercio basado en la solidaridad y la colaboración

Además de mejorar los indicadores económicos y fortalecer ciertos sectores, los países más pobres deben apostar por un modelo productivo cuya prioridad no sea la competitividad. Todo lo contrario, como el objetivo es afianzar el mercado interno y eliminar la dependencia hacia mercados externos, las políticas deben apuntar a valores como la solidaridad, la equidad y las relaciones comerciales justas. Es decir, un poco lo que ya propone el modelo de Comercio Justo, pero en este caso aplicado a gran escala.

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Tienda de Comercio Justo de Oxfam Intermón © Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

4. Fortalecer los tejidos empresariales internos

No se trata de caer en el proteccionismo o el aislamiento comercial, pero sí de proteger y dar prioridad a los productos de origen nacional. Es necesario abrir las fronteras, ¡pero no de cualquier forma!

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Silvestre Santacruz mostrándonos uno de los productos de Comercio Justo de la cooperativa de Manduvirá que se comercializan en las tiendas de Oxfam Intermón: el azúcar de caña bio © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

5. Diversificar y abrirse a nuevos mercados

La gran mayoría de los países del Tercer Mundo dependen de uno o dos socios comerciales, bien sea por decisión propia o porque los compromisos que han adquirido en el pasado así se lo exigen. Pues bien, eliminar la dependencia económica también puede empezar por abrirse a nuevos mercados y buscar socios alternativos con los que comerciar, lo que garantizaría, además, la diversificación de las inversiones nacionales.

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Como habrás podido imaginar, la dependencia económica de los países más pobres no desaparecerá de la noche a la mañana. Es un proceso largo que exige constancia y voluntad y que puede tardar décadas. Sin embargo, se puede reducir progresivamente con la aplicación de medidas como las que hemos descrito anteriormente.

¿Se te ocurre alguna más?

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