¿Recuerdas cuando siendo niño o niña te explicaban en la escuela que los pueblos de la antigüedad no usaban el dinero sino el trueque para conseguir las cosas que necesitaban? Eso del trueque nos parecería una cosa rara y arcaica, ¿verdad?

El trueque es una forma primitiva de lo que hoy conocemos como economía colaborativa o consumo colaborativo. Gracias a ella, la sociedad actual ha vuelto a sus orígenes. Al intercambio de bienes y servicios sin necesidad de hacer uso de monedas, a compartir en vez de acumular. Los ciudadanos hacen uso de verbos como intercambiar, prestar, compartir, canjear… para pasar de una economía de producción a una economía de consumo solidario, donde los recursos se utilizan de forma más eficiente.

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Es una respuesta clara y contundente ante los abusos del mercado actual, de sus precios, de la desigualdad, del desperdicio de alimentos, de una industria que fabrica objetos que están al alcance de un grupo restringido… En vez de quedarse cruzada de brazos, la sociedad ha reaccionado buscando nuevos caminos y se ha recuperado el consumo colaborativo en todas las vertientes: intercambio de ropa o libros, automóviles compartidos, trueque de alimentos, cambio de servicios… Las posibilidades que ofrece la economía colaborativa son infinitas y solo dependen de dos personas, una que ofrezca algo y otra que lo necesite, dispuestas a hacer un canje de un producto o servicio sin que haya monedas. ¿Puede ser más sencillo?

Banco de tiempo: ejemplo de economía colaborativa

Así es. Un banco de tiempo es el ejemplo perfecto de lo que es la economía colaborativa y del cambio que ha supuesto para la sociedad poner en práctica este tipo de consumo.

Todos podemos ofrecer algo: los libros del curso pasado, la ropa que le ha quedado pequeña a María o a Lucas, esa consola que lleva años guardada en un cajón, nuestra experiencia como abogados, nuestros conocimientos de inglés… Y seguro que nosotros también necesitamos algo: una plaza de aparcamiento cercana al lugar de trabajo, que nos ayuden con nuestro primer CV, el libro de matemáticas para Mateo, aprender a elaborar vichyssoise, una persona para pasear a Brutus… ¿Qué necesitas tú?

Infórmate de si existe un banco de tiempo en tu localidad y súmate a esta interesante iniciativa. ¡Solo obtendrás beneficios! Te sentirás mucho más feliz y pleno en tu vida, colaborando y compartiendo con los demás. ¡Tan solo pruébalo!

Descarga gratis:

¿Cómo crear un banco de tiempo?

Si cerca de ti no hay ninguno y te gustaría saber cómo poner en marcha un banco de tiempo, aquí te dejamos toda la información que necesitas para crear uno tú mismo desde cero. ¡Toma nota!:

  • Define el proyecto. Decide qué quieres hacer, los objetivos, y busca un nombre y un logotipo.

  • Constituye un equipo gestor. Encuentra los hombres y mujeres que se ocuparán de la gestión del banco de tiempo, y ten en cuenta a otras asociaciones existentes que también puedan colaborar con vosotros.

  • Considera las cuestiones legales. Infórmate correctamente sobre su gestión, y acude a tu ayuntamiento u a otras instituciones donde te puedan asesorar.

  • Ubica el banco del tiempo. Busca un lugar de encuentro. También tienes la opción de crear un banco de tiempo por internet, con la plataforma gratuita Comunitats por ejemplo, por lo que no necesitarías buscar un local.

  • Toma de decisiones. Determina la unidad de cambio (lo más habitual es que sea la hora).

  • Material para poder empezar. Hoja de inscripción de socios, talonarios de intercambio de horas, documento con las normas de funcionamiento.

  • Dar a conocer al banco. Si la gente no conoce la existencia de tu banco de tiempo, nadie se unirá. Es el momento de ponerse en contacto con asociaciones, prensa local o hacer buzoneo.

  • Captar socios. Establece un horario para la realización de entrevistas a los futuros miembros del banco de tiempo. Hay que tomar los datos del socio y saber qué desea ofrecer y qué quiere obtener de otros socios.

  • Qué sé puede intercambiar. Debes informar a los socios de todo aquello que se puede intercambiar como podrían ser tareas domésticas, idiomas, clases de cocina, reparaciones del hogar…

  • Implica a otras organizaciones. Informa a hospitales, centros de mayores, colegios u otras organizaciones de la zona sobre la actividad del banco de tiempo.

  • Gestión continuada del banco de tiempo. Comprueba que los intercambios se están realizando correctamente, o que cada socio realiza aquello con lo que se comprometió.

  • Dinamiza el intercambio. Incentiva los intercambios mediante los mercadillos o celebrando el día sin compra, que tiene lugar el 28 de noviembre.

¿Economía colaborativa? ¡Sí, quiero unirme! Y es que todo son ventajas, ¿no crees? ¡Difúndelas y trabaja por una sociedad más sostenible y responsable! Tu implicación es, como siempre, esencial. ¿Nos cuentas tu experiencia?

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