¿Eres de los que no se separan de su automóvil, o bien de los que sólo caminan o usan la bicicleta? ¿Eres de los que comienza el verano y automáticamente encienden el aire acondicionado al máximo, o de los que bajan las persianas y echan las cortinas para aislar la casa durante las horas de sol? No es que seamos curiosos, solo buscamos hacerte ver cómo influyes en el calentamiento global con gestos aparentemente tan sencillos como estos. ¿Nos dejas contártelo?

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Marcha por el Clima en Barcelona en noviembre de 2015 .
(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Earth’s Long-Term Warming Trend, 1880-2015 es un vídeo de tan solo 30 segundos elaborado por la NASA, la agencia espacial estadounidense. Con él, quiere concienciarnos sobre el rápido progreso del calentamiento global. ¡Y de qué manera!

Evidentemente, nosotros, en nuestro día a día, también estamos contribuyendo a este avance. ¿Todavía no eres consciente de ello? ¡Te lo ilustramos con algunos ejemplos!

  • Los combustibles fósiles que empleamos, ya sea el carbón para la calefacción central del edificio donde residimos o la gasolina y el diésel para nuestro vehículo, provocan, al quemarse, dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero.
  • Aparatos habituales en nuestros hogares, como estufas, secadores y hornos, producen metano, otro de los gases con efecto invernadero. Y el estiércol del ganado es otra de sus fuentes.
  • Los alimentos que consumimos en las típicas bandejas de corcho blanco o negro, y envueltos con una capa de film de PVC, ya sean pescados, carnes o frutas y verduras, contribuyen a aumentar el uso de energía y transporte.
  • Negarse a tener plantas en la terraza, eliminar los árboles del jardín o mirar hacia otro lado frente a las talas incontroladas de bosques impide algo tan natural como que estos seres vivos absorban CO2 durante toda su vida.
  • No separar nuestros residuos domésticos en su correspondiente contenedor provoca que no puedan ser tratados de manera adecuada en las plantas de reciclaje y no se pueda reducir la cantidad de desperdicios que generamos.
  • Adquirir fertilizantes o productos para el jardín sin mirar la etiqueta perjudica la capa de ozono si no hemos podido comprobar que están ausentes de componentes químicos.
  • Olvidarse de separar los desechos orgánicos, como pieles de frutas o restos de verdura, y añadirlos a ramas, hojas o componentes de la poda del huerto o jardín, impide convertirlos en compost y emplearlos como abono natural.
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©  Pablo Tosco/ Oxfam Intermón (Parcela familiar de Moussa Dja de la comunidad de Kagnadé, Mauritania)

© Pablo Tosco / Oxfam Intermón (parcela familiar de Moussa Dja, de la comunidad de Kagnadé, Mauritania)

Calentamiento global: una amenaza para luchar contra el hambre

Quédate con este dato: en 2050 habrá 50 millones de personas más en riesgo de padecer hambre como consecuencia de efectos del cambio climático sobre el planeta, como son el incremento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos intensos, las estaciones erráticas o los cambios en los regímenes de lluvias.

Sí, el calentamiento global es un problema mucho más grave de lo que pensabas, y también influye negativamente sobre la lucha contra el hambre porque diezma las cosechas y provoca pérdidas de puestos de trabajo al ser destruidas, por ejemplo, hectáreas de cultivo por las inundaciones, o manglares y zonas de reproducción de peces y crustáceos por el efecto del paso de tifones. ¿Lo sabías?

Además, los agricultores o pescadores ven como su tradicional fuente de subsistencia desaparece y no disponen de medios para alimentar a sus familias.

Por eso, desde Oxfam ya estamos respondiendo ante el cambio climático:

  • En Malawi amparamos a las familias campesinas para que roten sus cultivos en función de las pautas meteorológicas.
  • En República Dominicana contribuimos a la implantación de buenas prácticas agrarias para la reducción de riesgos y la adaptación de cultivos ante el impacto del cambio climático.
  • En Tailandia colaboramos en la construcción de sistemas de riego y drenaje para preservar los sembrados de las familias agricultoras ante las consecuencias de las sequías o inundaciones.

Es vital la implicación de los gobiernos y las empresas mediante medidas que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes, reforzar la resiliencia de la población frente al hambre y el cambio climático, así como el establecimiento de acuerdos internacionales para combatir estas problemáticas.

Pero también es necesaria la participación de la opinión pública. ¿Cómo? Por ejemplo, reivindicando cambios que eviten que los daños sobre la agricultura y los cultivos conduzcan a una escasez de alimentos. ¡Por eso contamos contigo! ¿Te atreves a plantar cara a la situación? Recuérdalo: ¡entre todos, sumamos!

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