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En plena era digital, miles de centros de datos se están instalando en comunidades locales, alterando su medio ambiente y afectando a las personas que viven allí. A pesar de los grandes impactos que generan, la inteligencia artificial no es un destino inevitable.
Paola Ricaurte, desde México, y Aurora Gómez, desde España, lo dejaron claro en su participación en el Mobile Social Congress: podemos cuestionar esta expansión, resistirla y exigir un desarrollo que respete tanto los derechos humanos como el medio ambiente.
Esta fue una de las ideas principales que compartieron durante una mesa redonda, en la que también participó Agustí Emperador, con la experiencia catalana, sobre los efectos sociales y ambientales de los centros de datos, celebrada el 4 de marzo en la decimoprimera edición del Mobile Social Congress.

Resistencia local a la expansión de los centros de datos
Paola Ricaurte, investigadora del Tecnológico de Monterrey y la Universidad de Harvard, ha dedicado gran parte de su trabajo a estudiar cómo los centros de datos afectan al estado mexicano de Querétaro. Ella destacó que no solo son perjudiciales para el medio ambiente, sino que también siguen una lógica de explotación similar a la de las empresas coloniales del pasado.
Ricaurte mencionó cómo estos centros acaparan recursos, explotan la mano de obra local y se apropian de conocimientos sin dar nada a cambio a las comunidades.
Un punto importante que Ricaurte subrayó fue el enorme consumo de agua de estos centros de datos, en una región que ya enfrenta graves problemas de sequía. Según ella, esto refleja una lucha histórica por los recursos, como el agua, que se remont a los tiempos de la colonia. “Es una lucha por la vida”, advirtió, destacando que el acceso al agua es cada vez más limitado para las personas locales.
El impacto en España: ¿un modelo que se repite?
Aurora Gómez, psicóloga y activista, explicó cómo el impacto de los centros de datos en España tiene muchos puntos en común con lo que ocurre en México. Gómez es portavoz del movimiento Tu Nube Seca Mi Río, uno de los colectivos que luchan contra la expansión de estos centros en Aragón.
Ella explicó que la mayoría de estos centros se instalan en zonas áridas, porque en esos territorios solo permanecen los agricultores más pobres, quienes no han podido encontrar otras alternativas, lo que hace que los terrenos sean más baratos y las resistencias más débiles y menos audibles.
Además, Gómez mencionó que los impulsores de estos proyectos prometen crear empleos, pero esas promesas rara vez se cumplen. En su lugar, las comunidades locales sufren las consecuencias de una expansión sin control, que además de agotar los recursos naturales, no genera los beneficios que se nos han prometido.
El consumo energético y sus consecuencias
Otro tema importante que se trató durante el debate fue el alto consumo de energía de los centros de datos. Agustí Emperador, físico y activista de Ecologistes en Acció, presentó datos alarmantes sobre el consumo de electricidad. En el caso de Cerdanyola del Vallès, en Barcelona, solo los cuatro centros de datos proyectados consumirían el doble de electricidad que toda la ciudad actualmente. Este aumento de la demanda energética no solo podría causar cortes y sobrecargar la red eléctrica, sino que también incrementaría las emisiones de gases de efecto invernadero, que afectan al cambio climático.
El problema de la energía no se queda ahí. Emperador advirtió que, a largo plazo, este consumo masivo podría elevar los precios de la electricidad y obligar a algunas industrias locales a abandonar la zona. Este fenómeno, al que se le llama “gentrificación energética”, es otro de los efectos negativos de estos proyectos.
La resistencia crece a nivel global
A pesar de estos impactos negativos, los tres ponentes destacaron que la resistencia contra la expansión de los centros de datos está creciendo. Gómez explicó que, en muchos países, los grupos que se oponen a estos proyectos están compartiendo sus experiencias y creando redes de apoyo.
Están trabajando junto a otros colectivos afectados por la expansión de la inteligencia artificial, como los grupos antirracistas, que critican cómo esta tecnología afecta especialmente a las comunidades racializadas. También se han unido a los colectivos de creadoras que ven cómo sus trabajos se utilizan sin su consentimiento para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Ricaurte también habló sobre cómo la resistencia se está organizando a nivel local. Cada vez más personas en los municipios afectados se están uniendo para frenar estos proyectos y proteger sus recursos naturales y sus derechos.
El Mobile Social Congress: más allá de la tecnología
El Mobile Social Congress fue el escenario donde se debatieron estos temas, pero también se visibilizaron otros aspectos de la digitalización que suelen quedar en la sombra en el Mobile World Congress.
Organizado por Setem, con la colaboración de FemProcomuns y Oxfam Intermón, el evento no solo trató el impacto de los centros de datos, sino también temas como el racismo en la inteligencia artificial, el poder de las grandes corporaciones sobre el mercado agroalimentario, y el acoso global a los activismos sociales generado por el avance de la tecnología. Además, se discutieron los efectos de la extracción minera y la explotación de recursos naturales.
El evento también ofreció actividades con música y humor, para hacer la reflexión crítica sobre estos temas más accesible para todos.
