Índice de contenidos
- 1 El trabajo de cuidar: un trabajo que no se valora ni visibiliza
- 2 Las mujeres son las que asumen la mayor parte de las responsabilidades de cuidados
- 3 Menos tiempo disponible
- 4 Mayor dependencia económica
- 5 ¿Por qué no hay apoyos suficientes?
- 6 Un sistema de cuidados digno y equitativo: ¿cómo cambiar la situación?
- 7 ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?
- 8 Firma la petición
En nuestra sociedad, el trabajo de cuidar a los demás sigue siendo una de las tareas más invisibles y, a la vez, esenciales. Cada día, miles de personas, en su mayoría mujeres, enfrentan la ardua tarea de equilibrar su vida profesional con la responsabilidad de cuidar a familiares o seres queridos. La falta de tiempo, los recursos insuficientes y los apoyos limitados hacen que el trabajo de cuidar sea aún más difícil de gestionar.
Si alguna vez has sentido que el tiempo no te alcanza o que no puedes con todo, este artículo te ayudará a entender por qué la situación es tan desigual y qué podemos hacer para cambiarla.

Foto: Júlia Girós / Oxfam Intermón
El trabajo de cuidar: un trabajo que no se valora ni visibiliza
María (nombre ficticio) se despierta a las siete de la mañana, prepara el desayuno para ella y su hijo Marcos, revisa la mochila, firma una autorización y lo deja en el colegio. Antes de empezar a trabajar, pasa por casa de su madre, que tiene un principio de demencia, para asegurarse de que ha desayunado y que todo está en orden; a veces son solo diez minutos, pero imprescindibles. Luego comienza su jornada como cuidadora de perros: recoge mascotas, atiende clientes y alquila una pequeña sala en una tienda de animales para pelar varios perros, mientras responde mensajes y revisa facturas intentando que las cuentas cuadren.
Al mediodía recoge a Marcos, sirve la comida y, cuando puede, lleva un táper a su madre. Por la noche aún le esperan las tareas de casa y preparar el día siguiente. Duerme poco, no tiene margen para buscar un empleo mejor ni puede permitirse ayuda privada para el cuidado de su madre; al menos, cuenta con sus hermanos para organizarse.
Su historia no es una excepción. Es la realidad de muchas personas —a menudo mujeres—, tal y como refleja la encuesta de Oxfam Intermón “Vivir la desigualdad” sobre desigualdad y cuidados: mujeres que combinan el trabajo remunerado con la responsabilidad principal de los cuidados, intentando sostener al mismo tiempo la vida familiar y sus propios ingresos.
Las mujeres son las que asumen la mayor parte de las responsabilidades de cuidados
En España, las mujeres siguen siendo las principales responsables del cuidado de hijos, padres, madres y otros familiares. En 2025, un 6,9 % de las mujeres dedica su tiempo exclusivamente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente al 0,3 % de los hombres. No son cifras menores. En términos proporcionales, las mujeres asumen en exclusiva estas tareas 23 veces más que los hombres.
Esta disparidad no solo se refleja en los hogares, sino también en el empleo. El 40.9% de las mujeres asegura que su trabajo no les deja tiempo suficiente para realizar las tareas de cuidado, un porcentaje que es considerablemente mayor al de los hombres (33.5%).
Esos porcentajes marcan quién puede formarse, quién puede trabajar por las tardes o quién debe renunciar a horas remuneradas para sostener una casa.
Menos tiempo disponible
El tiempo es la moneda invisible del cuidado. El 41,3 % de las mujeres dice necesitar un segundo empleo para llegar a fin de mes, pero no puede asumirlo por responsabilidades de cuidado; entre los hombres, esa limitación afecta al 33,7 %.
La suma del trabajo remunerado y el doméstico deja a las mujeres con menos margen para ocio, para su salud o para la vida social. Menos tiempo equivale a menos oportunidades.
Mayor dependencia económica
Además de la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados, las mujeres también sufren una mayor precariedad económica. Un 25.4% de las mujeres vive en hogares con ingresos inferiores a 1.200 euros al mes, frente al 16.8% de los hombres.
Esta precariedad feminizada obliga a recortes: reducir la compra de alimentos frescos, renunciar a actividades culturales, aplazar visitas médicas o recurrir a ahorros y endeudamiento con mayor frecuencia. A largo plazo, también se traduce en pensiones más bajas y vacíos de cotización que dificultan la autonomía económica en la vejez.
¿Por qué no hay apoyos suficientes?
La falta de tiempo y apoyo no es una casualidad. La realidad es que los servicios de cuidado en España son insuficientes para cubrir las crecientes necesidades de la población. Aunque se han dado algunos avances, como la creación de centros de día o guarderías, estos servicios no son accesibles para todas las familias ni están disponibles en la cantidad y calidad necesarias. Además, la oferta de cuidados privados es costosa y, en muchos casos, recae en las trabajadoras del sector, que también enfrentan condiciones laborales precarias.
Uno de los avances significativos en este ámbito fue la Ley de Dependencia y Discapacidad, aprobada en 2006, que reconoce el derecho de las personas en situación de dependencia a recibir una atención adecuada. Sin embargo, esta ley ha quedado muy lejos de cumplir sus objetivos iniciales. A pesar de ser un paso importante, su implementación ha sido desigual y los recursos destinados a la dependencia no han sido suficientes para cubrir la demanda real. Esto se traduce en largas listas de espera (¡casi un año de espera!) para acceder a los servicios, así como una escasa financiación, lo que hace que muchas personas dependientes sigan sin recibir la atención que necesitan. Esto afecta principalmente a las mujeres, que, como hemos mencionado, son las que más asumen el cuidado de personas dependientes en sus hogares. Por esta razón, la reforma a las leyes de dependencia y discapacidad, actualmente en trámite en el Congreso de los Diputados, resulta relevante para avanzar hacia un modelo de cuidados que garantice el derecho a cuidar y ser cuidados con dignidad.
Un sistema de cuidados digno y equitativo: ¿cómo cambiar la situación?
El trabajo de cuidar no puede seguir siendo una carga invisible. Todos debemos ser conscientes de que, en algún momento de nuestras vidas, necesitaremos cuidados o seremos quienes los ofrezcamos. Por eso, el sistema de cuidados debe ser considerado una responsabilidad compartida y gestionada colectivamente.
¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?
- Fortalecer el empleo digno: combatir la parcialidad forzada, garantizar salarios suficientes y promover la estabilidad contractual.
- Universalizar y financiar servicios de cuidado: guarderías públicas asequibles, centros de día y residencias con estándares claros de calidad.
- Garantizar la corresponsabilidad: licencias parentales iguales, intransferibles y bien remuneradas, junto con políticas que fomenten la participación masculina en los cuidados.
- Dignificar el trabajo del cuidado: aplicar el Convenio 189 de la OIT, regularizar condiciones laborales y asegurar cotización y derechos para todas las trabajadoras del sector.
- Implementar medidas económicas redistributivas: evitar que cuidar sea sinónimo de empobrecimiento.
Estas acciones no solo alivian cargas individuales: son inversiones en empleo, cohesión social y sostenibilidad demográfica.
Y, sobre todo, requieren acción colectiva. Los cuidados son esenciales para la sociedad; también deben ser una responsabilidad compartida, ya que, en algún momento de nuestras vidas, todas necesitaremos que nos cuiden o cuidar a otras personas. Organizarse, exigir políticas que respeten nuestro tiempo y nuestro trabajo, y reconocer el valor de los cuidados: ahí está la transformación posible.
Firma la petición
Exige al Gobierno central y a los gobiernos autonómicos mejoras urgentes en el sistema de cuidados, empezando por una reforma profunda de la Ley y una financiación suficiente que la haga efectiva.
