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En los últimos años, la concentración de riqueza ha alcanzado niveles alarmantes. Para que te hagas una idea: el 1 % de las personas más ricas del mundo han acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada en la última década. Es decir, la mayor parte de los beneficios económicos de los últimos años ha ido a parar a manos de una pequeña élite.

Qué implica la concentración de riqueza
En 2025, los milmillonarios del mundo aumentaron su fortuna conjunta un 16 %, alcanzando los 18,3 billones de dólares. Mientras tanto, miles de millones de personas seguían y siguen enfrentándose a dificultades que son evitables, como la pobreza, el hambre o enfermedades prevenibles como la tuberculosis, la malaria o el sarampión.
Un dato que lo dice todo: casi la mitad de la población mundial vive actualmente en situación de pobreza y debe sobrevivir con menos de 8,3 dólares al día.
Esta desigualdad económica es tremendamente injusta porque genera un acceso desigual a derechos, oportunidades y capacidad de influencia. En definitiva, nos sitúa en un escenario donde las decisiones que afectan a millones de personas acaban en manos de unos pocos.
Cuando la riqueza compra el poder
Una de las consecuencias más preocupantes de esta acumulación es el poder político de los superricos.
No hablamos solo de influencia económica: hablamos de decisiones políticas, de legislaciones a medida, de puertas giratorias y lobbies que protegen los intereses de una minoría. ¿Sabías que un milmillonario tiene 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que cualquier otra persona?
Así es. Y esto significa que quienes tienen más también son quienes escriben las reglas del juego a su medida. Una de las nuevas tendencias que estamos viendo coger fuerza es cómo los milmillonarios están utilizando sus inmensas fortunas no solo para comprar poder político financiando por ejemplo campañas electorales, sino que están comprando medios de comunicación y redes sociales para moldear la opinión pública.
Hoy, más de la mitad de las grandes empresas de medios del mundo y la totalidad de las principales plataformas de redes sociales está en manos de milmillonarios.
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Apoya nuestro trabajo para poner límites al poder de los superricos y defender los derechos de todas las personas.
Por qué la desigualdad impacta en la democracia
Cuando el poder se concentra en pocas manos, las instituciones democráticas se debilitan. Los países con mayores niveles de desigualdad tienen siete veces más probabilidades de sufrir retrocesos democráticos. La mayoría de la población pierde capacidad de influencia real, mientras que los intereses de una élite económica se anteponen al bien común. Esta situación acaba generando desafección en la política, la justicia y las instituciones.
En este escenario, defender la democracia pasa también por combatir la desigualdad extrema. Porque no puede haber una democracia plena cuando unos pocos pueden condicionar las decisiones que afectan a la mayoría. Hace ya 100 años, el juez de la Corte Suprema de EE.UU. nos advertía: "Podemos tener democracia o podemos tener riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas"
Por qué denunciamos esta situación
Sabemos que acabar con la pobreza no es posible sin atacar las causas que la provocan. Y una de ellas es, sin duda, esta extrema concentración de riqueza que impide garantizar las mismas oportunidades para el conjunto de la ciudadanía, independientemente de cuanto tengas o de en qué familia hayas nacido y frena las posibilidades de progreso.
No se trata de ir en contra de los milmillonarios, sino de poner límites a la acumulación desmedida y de su utilización como poder político. Y para ello, es urgente garantizar que quienes más tienen contribuyan más al bien común ya que, actualmente, los más ricos pagan proporcionalmente muchos menos impuestos que cualquier trabajador o trabajadora corriente.
Qué soluciones proponemos
- Impuesto a los ricos: como recoge nuestra campaña TaxtheSuperRich, proponemos que los más ricos y las grandes corporaciones más rentables paguen más para poder financiar servicios públicos esenciales. Además, luchar contra la evasión y la elusión fiscal es esencial para que los sistemas impositivos sean efectivos.
- Fin a las oligarquías: hay que romper con el creciente poder de mercado de las grandes empresas y los milmillonarios. Su control les permite imponer sus propias reglas.
- Participación ciudadana: poner cortafuegos entre el poder político y la riqueza, y fortalecer las democracias, permitiendo que se escuche la voz de la mayoría, frente a la influencia de las élites.
Para conocer todos los datos, testimonios y propuestas, descarga el informe "Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios"
Qué hacemos desde Oxfam Intermón
Desde Oxfam Intermón trabajamos cada día para que millones de personas que viven en la pobreza puedan mejorar sus condiciones de vida, hoy y para siempre. Queremos acabar con la pobreza y, para lograrlo, es necesario reducir las desigualdades. Denunciar la extrema concentración de riqueza y su impacto en la democracia es parte de nuestra misión para construir una sociedad más justa.
