Reconstruir Gaza requerirá 71.400 millones de dólares. Una cifra que, por sí sola, refleja la magnitud de la devastación, pero que no alcanza a medir todo lo que la guerra ha destruido. Porque reconstruir un territorio no consiste únicamente en levantar viviendas, escuelas o carreteras: también implica recuperar comunidades, derechos, oportunidades y un tejido social que ha sido devastado durante generaciones.

territorio palestino devastado por las bombas de Israél

Foto: Mosab Al-Borno

 

Una reconstrucción sin precedentes

Según el informe Building Gaza Anew, elaborado conjuntamente por Oxfam Intermón, el Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas (MAS) y el Centro Palestino de Comercio (PalTrade), la reconstrucción de Gaza necesitará 71.400 millones de dólares durante la próxima década.

Para comprender la dimensión de esta cifra basta con una comparación: el coste estimado equivale a siete veces todo el dinero que habría sido necesario para reconstruir Gaza tras las principales ofensivas militares israelíes de los últimos veinte años.

Sin embargo, el informe advierte de que los daños económicos y materiales solo representan una parte de la realidad. La destrucción del tejido social, de las instituciones y de las comunidades no puede medirse únicamente en cifras y tardará generaciones en recuperarse.

 

Cuando reconstruir nunca llega a completarse

La historia reciente de Gaza está marcada por un mismo patrón: destruir, reconstruir parcialmente y volver a destruir.

Las evaluaciones del Banco Mundial, la Unión Europea y Naciones Unidas muestran que las guerras de 2008-2009, 2014 y 2021 dejaron necesidades de reconstrucción equivalentes, en valores actuales, a unos 10.000 millones de dólares. Sin embargo, ninguna de esas reconstrucciones llegó a completarse debido al bloqueo, las restricciones de acceso y la falta de financiación suficiente.

Antes de que muchas familias pudieran recuperar una vida normal, una nueva ofensiva volvía a destruir viviendas, hospitales, escuelas e infraestructuras.

 

Mucho más que edificios destruidos

La devastación de Gaza no puede entenderse únicamente observando edificios derruidos.

La guerra ha arrasado escuelas, universidades, bibliotecas y archivos fundamentales para preservar la memoria palestina. También ha destruido mezquitas, iglesias, instituciones culturales y espacios comunitarios que daban cohesión a la sociedad gazatí.

A ello se suma el enorme impacto sobre los sistemas de cuidados. Actualmente, alrededor de 58.600 hogares están encabezados por mujeres, mientras el desempleo femenino alcanza el 92 %. Muchas de ellas dedican entre ocho y doce horas diarias a tareas de cuidados no remuneradas, como conseguir agua, cocinar con leña o atender a personas heridas.

La crisis también deja una profunda huella en la salud. Más de 50.000 personas necesitarán rehabilitación a largo plazo, mientras que aproximadamente una de cada cuatro lesiones tendrá consecuencias permanentes.

 

Una crisis humana de enormes dimensiones

Según la Evaluación Rápida de Daños y Necesidades (RDNA) elaborada por Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial, más de 73.000 personas palestinas han muerto, alrededor de 173.000 han resultado heridas y 1,9 millones han sido desplazadas por la fuerza.

El desarrollo humano del territorio ha retrocedido el equivalente a 77 años, una cifra que refleja el enorme impacto que el conflicto ha tenido sobre las condiciones de vida de la población.

Además, la destrucción también afecta al medio ambiente. Tierras agrícolas contaminadas, acuíferos al borde del colapso y aguas residuales vertidas al mar dificultan aún más cualquier recuperación futura.

 

Reconstruir también significa garantizar derechos

La recuperación de Gaza no debe entenderse como un acto de caridad, sino como una cuestión de derechos y reparación.

Por ello el informe de Oxfam Intermón propone un plan de reconstrucción de cinco años liderado por la propia población palestina, basado en el respeto al derecho internacional y en una visión que integre Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

Cualquier modelo impuesto desde el exterior, sin participación palestina en la toma de decisiones, está condenado al fracaso, independientemente de los recursos económicos que reciba.

 

El futuro de Gaza no puede decidirse sin Gaza

La comunidad internacional debe garantizar que la población palestina tenga un poder real de decisión sobre su futuro.

Esto implica poner fin al bloqueo que ha impedido las reconstrucciones anteriores, exigir responsabilidades por la destrucción causada y apoyar un proceso que permita ejercer el derecho del pueblo palestino a la libre determinación.

Porque reconstruir Gaza no consiste únicamente en levantar edificios. Significa devolver a millones de personas la posibilidad de vivir con dignidad, recuperar sus comunidades y construir un futuro que no vuelva a ser destruido antes de llegar a existir.

Dona ahora para ayudar a Gaza.