La preocupación por el medio ambiente ha propiciado cambios importantes en nuestro entorno. Uno de ellos ha sido, por ejemplo, la introducción y el desarrollo del concepto de responsabilidad medioambiental, que sirve para evaluar hasta qué punto nuestras prácticas ayudan al equilibrio del planeta.

En otras palabras, este término habla del grado de compromiso que, como personas, tenemos hacia el entorno que nos rodea, aunque también incluye a organizaciones, empresas y otros agentes. ¡Conócelos en este post!

responsabilidad medioambiental

Como veremos más adelante, la responsabilidad ambiental está asociada al sector productivo. En ese caso, señala la necesidad de que las empresas lleven a cabo prácticas sostenibles que, por un lado, garanticen el equilibrio del medio ambiente y, por el otro, contribuyan al desarrollo social de las regiones en las que operan.

Sea como sea, el objetivo siempre es el mismo: generar conciencia sobre la importancia de adoptar hábitos sostenibles, independientemente del área en el que intervengamos o el sector en el que actuemos. Es una obligación extendida a todos. ¿La compartes?

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Responsabilidad medioambiental: el rol de las empresas

No cabe duda de que los ciudadanos podemos contribuir a este propósito adoptando hábitos como el reciclaje de materiales, la compra de productos en redes de comercio justo que se elaboran adoptando criterios sostenibles o financiando iniciativas de este tipo.

Sin embargo, el rol de las empresas es considerable. El desequilibrio ambiental actual se debe, en gran medida, al desarrollo desmesurado producto de la acción de las empresas; para muchas de ellas, hasta hace poco la única prioridad eran los beneficios económicos derivados de su acción comercial.

Desde Oxfam, hemos lanzado la campaña Tras la Marca donde evaluamos el comportamiento e impacto de las principales empresas de alimentación y bebidas y las presionamos para que adopten medidas más sostenibles. ¿Quieres conocer más datos?

Ahora, por el contrario, se les exige un mayor compromiso con el medio ambiente, el cual no solo debe abarcar terrenos como las campañas publicitarias sino, sobre todo, reafirmarse con prácticas concretas.

Los ciudadanos pueden intervenir de forma activa en este proceso. Con su abstención o compra de productos, tienen la posibilidad de apoyar o castigar a las compañías que implementen acciones en uno u otro sentido. A este tipo de clientes se les denomina consumidores ecológicos o con criterio medioambiental. ¿Eres uno de ellos?

¿Cómo traducir la responsabilidad en acciones concretas?

La mayoría de exigencias medioambientales están reflejadas en leyes o normativas. En el caso de España, la Ley de Responsabilidad Medioambiental (o Ley 26/2007) tiene como función prevenir, evitar y reparar los daños medioambientales que particulares (ciudadanos o empresas) puedan causar en el entorno.

Las leyes incluyen sanciones, multas e indemnizaciones. Sin embargo, no es la única manera para actuar contra las prácticas negativas.

¿Sabías que desde Oxfam Intermón llevamos a cabo, desde hace varios años, numerosas iniciativas en el mundo entero para frenar los efectos del cambio climático? Además de apoyar a familias agricultoras o a los pequeños productores excluidos del mercado masivo, contamos con otros frentes abiertos en lo que se refiere al medio ambiente.

En Tailandia, por ejemplo, echamos una mano en la construcción de sistemas de riego y drenaje para preservar los cultivos en épocas de sequías o inundaciones; en República Dominicana, impulsamos buenas prácticas agrícolas para enfrentar crisis o fenómenos climáticos; y en Malawi, concienciamos a los campesinos de la importancia de rotar sus cultivos en función de las exigencias meteorológicas.

Así que ya lo sabes, la responsabilidad medioambiental empieza por ti y por los hábitos que adoptes en tu día a día. Empieza ahora y genera redes ciudadanas con capacidad de llegar a todas las personas e instituciones de tu entorno. ¡Es mucho más fácil de lo que crees! ¿Empezamos?

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