Siguiendo con nuestro afán de ofrecerte recetas sanas, sencillas y sabrosas para toda la familia, hoy te traemos una de las grandes reinas de las recetas vegetarianas: espinacas con garbanzos, pasas y piñones.

¡Espinacas, sí! Un aporte de vitaminas y hierro indispensable, sobre todo para personas con una dieta vegetariana y para niños en edad de crecimiento. Pero hoy los protagonistas no serán las espinacas, sino los garbanzos. ¿Por qué? Básicamente porque, además de hierro, son una fuente única de proteínas.

Sobre este asunto, y antes de empezar, debemos advertir que no es lo mismo usar garbanzos precocinados que garbanzos secos: fíjate en la información nutricional del envase, y verás qué diferencia hay entre ellos. Los garbanzos naturales casi triplican el aporte de proteínas, y al contrario de lo que muchas personas creen, no es demasiado costoso cocinarlos si nos preparamos con algo de antelación. Por ello, la noche anterior sumerge en agua los garbanzos para que se reblandezcan (al menos 12 horas); puedes añadir una cucharadita de bicarbonato y algo de sal para ayudar al proceso y evitar que pierdan sabor.

Dicho esto, ¡empecemos!

Espinacas con garbanzos, pasas y piñones

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Ingredientes (para 4 personas)

  • 1 kilo de garbanzos secos (los pondremos en remojo la noche anterior, en un recipiente con el doble de agua del volumen que ocupen los garbanzos)
  • 250 gramos de espinacas frescas
  • 200 gramos de pasas 
  • 2 cebollas grandes
  • 6 tomates pelados
  • 100 gramos de piñones
  • Aceite
  • Sal

Elaboración

Antes de empezar, ten en cuenta que las espinacas, si se comen crudas, poseen todavía más propiedades que si se cocinan. Por ello, puedes elaborar esta receta sin cocinarlas, añadiéndolas bien limpias a los garbanzos.

En primer lugar, pondremos a hervir los garbanzos. Pueden tardar unos 3/4 de hora, por lo que mientras se cocinan puedes empezar a preparar la salsa que servirá de base a nuestro plato.

Sofríe, en una sartén a fuego lento, la cebolla picada. Cuando esté dorada, añade los tomates y remueve de vez en cuando hasta que se hayan cocinado. Retira la salsa del fuego y sirve en platos hondos (se enfriará en ellos y será la «sorpresa» de fondo de nuestro plato).

Cuando se hayan cocinado los garbanzos, no tires el agua sobrante: resérvala para hacer un caldo con otras verduras (¡en invierno sienta genial!). Pon un diente de ajo en una sartén con un poco de aceite y cuando esté dorado retíralo; añade entonces los garbanzos pasándolos a fuego medio para que cojan un poco más de sabor. En este punto, si lo deseas, puedes añadir también las espinacas. Recuerda lavarlas bien ya que pueden traer consigo un poco de tierra.

Cuando las espinacas empiecen a estar blandas, añade a fuego lento las pasas y los piñones: el azúcar de las pasas se desprenderá con el calor dando un sabor único a tu plato. Remueve de vez en cuando, corrige la sal y retira del fuego transcurridos unos 5 minutos.

Ya puedes servir los garbanzos en los platos, cubriendo la salsa para que no se vea a simple vista. Decóralos con una pizca de pimienta y un poco de cebollino, o con las especias que desees… ¡y buen provecho!

 

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