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La matrícula universitaria ha aumentado un 20% de media en España en los últimos tres años (más de un 50% en comunidades como Madrid o Cataluña). Esto, junto a los recortes en becas y subvenciones, ha dificultado enormemente el acceso a la universidad a cientos de estudiantes y obligando a muchos otros a hacer grandísimos esfuerzos para poder pagar sus matrículas.

Todo nos haría pensar, viendo el panorama, que el colectivo estudiantil habría dejado a un lado su compromiso social para centrarse en sus problemas particulares, reforzando esa preocupación que tantas veces tenemos respecto a los valores que motivan a las generaciones futuras.

Sin embargo, la realidad es muy distinta y, una vez más, contra viento y marea, el colectivo universitario ha dado muestras de su gran sentido de la responsabilidad, demostrando que nuestro mundo, en el futuro, quedará en buenas manos.

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La responsabilidad social en la matrícula universitaria

Cuando pensamos en el compromiso social de las y los estudiantes universitarios, nos vienen a la mente las manifestaciones y protestas que muchas veces encabezan para reivindicar no solo mejoras de sus condiciones como estudiantes, sino también cambios y mejoras para el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, no todas las acciones solidarias que lleva a cabo el colectivo estudiantil en nuestras universidades encabezan titulares en la prensa. Algunas pasan casi desapercibidas, aunque tengan importantes repercusiones sobre la vida de muchísimas personas.

Una matrícula universitaria solidaria

Esta solidaridad se manifiesta ya a principios de curso, cuando miles de estudiantes formalizan su matrícula marcando, en el formulario de inscripción de algunas universidades (de un modo parecido lo que sucede con la declaración de la renta) la casilla con la que destinan un pequeño porcentaje de su matrícula a fundaciones solidarias. Fundaciones que, normalmente, dependen de la misma universidad. Repasamos dos ejemplos:

  • La Fundación Autónoma Solidaria (de la Universidad Autónoma de Barcelona) potencia programas de desarrollo y cooperación en países como Filipinas en los que, a través de la BANT School (Bionalytical Nanotechnology School), fomenta actividades de cooperación científica a escala internacional bajo las recomendaciones de la OMS y la UNESCO.
  • La Universidad de Barcelona, a través de la Fundación Solidaridad UB (creada hace casi 30 años), lleva a cabo, gracias a la ayuda económica prestada por sus estudiantes, actividades de defensa de los derechos humanos desde la universidad. Potencian proyectos y actividades de sensibilización, prestan ayuda a personas con discapacidad en su acceso a la enseñanza universitaria, y desarrollan programas de educación para la paz y ciudadanía global.

Estudiantes solidarios con la matrícula

Pero el colectivo estudiantil también se organiza a parte de los circuitos oficiales para prestar su apoyo a personas con menos recursos, o con dificultades para acceder a una matrícula universitaria cada vez más cara. La iniciativa solidaria de los estudiantes granadinos, que se organizaron para pagar la matrícula a sus compañeros y compañeras con problemas económicos, evitó que muchos estudiantes tuvieran que abandonar sus estudios por no poder hacer frente a los pagos de la matrícula.

Las y los estudiantes universitarios siempre han destacado por ser un colectivo con un alto sentido de la responsabilidad social, demostrando que ser jóvenes, universitarios y con una trayectoria vital aún en ciernes no está reñido con el compromiso y la solidaridad. Y parece, por lo visto, que sigue siendo así.

De vez en cuando es bueno recordar que algunas de nuestras preocupaciones sobre las personas jóvenes de nuestro país son infundadas (¿qué valores tendrán?, ¿qué sentido de la solidaridad cobijan?, ¿se preocupan de las demás personas?). Visto lo visto, no solo no tenemos que albergar tantas dudas; incluso, a lo mejor, podríamos aprender grandes lecciones de ellos.

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