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Lavarse las manos con jabón, taparse la boca al estornudar, limpiar bien la fruta y la verdura,…¡Si tienes hijos…cuántas veces les has repetido que deben acostumbrarse a hacerlo! ¡Y cuántas veces te lo dijeron a ti en el colegio, en casa….! Como madre, padre, tía, tío, sencillamente persona responsable, eres plenamente consciente de la importancia que tienen estos gestos. Son básicos, sencillos y cotidianos, pero marcan la diferencia, ya que te pueden ayudar a tu familia y a ti a prevenir enfermedades tan comunes como una gripe, una gastroenteritis o un simple resfriado.

Sin embargo, aunque son hábitos esenciales para ti, muchísimas personas en África Occidental desconocen su valor como medida de prevención ante una enfermedad desconocida y contagiosa como el ébola. Ante esta situación, su vulnerabilidad ante enfermedades tan feroces como ésta se multiplica por mil.  

El tesón y la valentía de personas voluntarias como Agnes Nyantie contribuyen a luchar contra un virus que en África occidental está devastando comunidades enteras. ¿Quieres conocerla?

Agnes: la lucha de una madre por salvar a su familia y a su comunidad

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Agnes Nyantie visita a 20 familias por día, casa por casa, explicando qué es el ébola y cómo protegerse del contagio. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

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Agnes Nyantie tiene 42 años y es madre de cinco hijos. Todos viven en West Point, uno de los barrios de Monrovia (Liberia) más castigados por el virus del ébola, que ya se ha cobrado más de 5.000 vidas en África Occidental. Agnes es una pieza fundamental en la lucha contra la enfermedad. Es una de cientos de voluntarios y voluntarias locales que están ayudando a Oxfam a frenar su propagación. Visitan hogares, puerta a puerta, para informar a las familias sobre cómo se transmite el virus y concienciarlas sobre la importancia de recibir tratamiento temprano. Sin su ayuda desinteresada, muchos de sus vecinos habrían muerto. Ella, a pesar de ser plenamente consciente de la crudeza y virulencia del virus, se expone día tras día a él para proteger a su comunidad y, sobre todo, para salvar a sus pequeños: “Mis hijos han nacido y crecido en este barrio y necesito que estén seguros”.

Agnes sale todas las mañanas con la camiseta de Oxfam a visitar a unas 20 familias de la zona, casa por casa. Su tarea no es fácil, ya que se mueve por comunidades extremadamente empobrecidas, donde el agua potable y la electricidad no existen. La mayor parte de la población de Liberia no sabe leer o escribir y carece de acceso a Internet. La información se transmite a través del boca a boca, los líderes comunitarios, los programas de radio o los carteles publicitarios.  La voz de Agnes cobra una gran importancia ya que establece un importante vínculo de confianza y seguridad con su comunidad.

Es muy duro ponerse en la piel de Agnes. Ella ha visto morir a amigos y familiares de una forma dolorosa y repentina. ¿Te imaginas que le sucediera a alguien de tu círculo más cercano? 

 

Pequeños gestos que salvan vidas

El objetivo fundamental de todos los voluntarios promotores y promotoras de salud como Agnes es enseñar a la población que el ébola es real y que existen una serie de medidas que deben seguir para prevenirlo. Y es que la prevención y la información son claves para reducir la propagación. Agnes se esfuerza por concienciar a sus vecinos de la importancia que tiene lavarse las manos con jabón, un gesto mínimo y rutinario para nosotros que en Liberia puede significar salvarse del contagio. De la misma manera, Agnes inculca a las familias el hábito de cocinar con agua limpia, de lavar muy bien los alimentos y sobre todo, de desinfectar las casas. En este sentido, Oxfam ha repartido más de 6.500 kits de higiene que incluyen cubos con grifos que garantizan que las comunidades utilizan agua limpia en todo momento, así como lejía y jabón.

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Agnes, con uno de los kits de higiene. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Uno de los aspectos más difíciles del trabajo que hacen voluntarios y voluntarias como Agnes es lograr transmitir la necesidad de acudir al hospital en cuanto se detectan los primeros síntomas del ébola y evitar todo contacto con los enfermos. Muchas familias los esconden en casa ante el temor de no volver a verlos si se van al hospital. La propia falta de información y la cultura mortuoria en Liberia hacen especialmente complicada la labor de Agnes, que ha de informarles que por muy duro que sea no poder acompañar a sus seres queridos en momentos tan delicados, han de ponerse en las manos de los médicos.

A pesar de vivir situaciones muy complicadas y de haber perdido a amigos y familiares a causa del virus, Agnes es optimista y cree en el trabajo de la gente: “Juntos podemos luchar contra el ébola”. Por el momento, los promotores y promotoras de salud han atendido a 148.200 personas sólo en Monrovia, aunque el objetivo de Oxfam es superar el millón y medio.

Mientras tanto, Agnes y sus compañeros y compañeras seguirán luchando con una única misión: salvar su país


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