¿Te toca hacer la compra? ¿Tienes que contratar un seguro de hogar? ¿Vas a comprar unas deportivas? Pues deja oír tu voz y selecciona el producto o servicio, además de por criterios como su buen precio o su alta calidad, porque proviene de empresas socialmente responsables.

¿Nuestras entidades tienen una conducta ética? ¿Se implican en su comunidad? Te ayudamos a averiguarlo a través del informe Forética 2015 sobre el estado de la responsabilidad social en España. ¡Cambiará tu forma de consumir!

© Pogonici/ iStock

Ciudadano consciente, empresas sostenibles

En esta sexta edición del informe Forética (una asociación de empresas y profesionales cuya labor está centrada en impulsar la plena integración de los componentes sociales, ambientales y de buen gobierno, dentro de la gestión y estrategia de las compañías y organizaciones) nos indicaban que en nuestro país ha habido un importante desarrollo en el área de la responsabilidad social empresarial en estos últimos años. ¿Y en qué se ha notado?

Por ejemplo, en avances en la rendición de cuentas sobre sus aspectos sociales, ambientales y de buen gobierno, o en el desarrollo de políticas de RSE en la cadena de proveedores de las grandes empresas.

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Pero el nivel de adopción de políticas y herramientas de RSE en el país es distinto según el tamaño de la empresa. Mientras que el grado de penetración de políticas y herramientas de responsabilidad social en las pymes es bajo (quizás por ser más vulnerables ante la situación económica), es alto en las medianas y grandes empresas, siendo una de cada dos la que ha implantado estrategias y herramientas avanzadas en dicha área.

¿Qué sucede con la responsabilidad social corporativa cuando una empresa española decide internacionalizarse?

El informe La empresa española y los derechos humanos, elaborado por Oxfam Intermón, recoge una serie de recomendaciones para que nuestras entidades sigan trabajando con la misma responsabilidad y compromiso hacia la sociedad y el planeta. Nos encontramos tres áreas a tener en cuenta: inversión, normativa y fiscalidad.

Deben efectuar una inversión positiva, es decir, buscar que la actividad que realicen implique un valor añadido para la comunidad, el campesinado y el medio ambiente, y sea un medio para generar crecimiento económico y luchar contra la pobreza.

Asimismo, deben estudiarse las posibles consecuencias sociales y medioambientales derivadas de su producción agrícola para prevenir y subsanar aquellas que puedan tener efectos negativos. ¡No deberíamos pasarlo por alto!

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Mujeres campesinas de la comunidad de Halaku © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

En la cadena de suministro agrícola se debe cumplir y respetar la normativa laboral internacional establecida por los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo y que recogen los Principios Rectores de Naciones Unidas, y es necesario que se desarrolle una política específica orientada a la mujer.

Con respecto a los marcos normativos, las empresas deben comprometerse a respetar los derechos humanos, absteniéndose de vulnerarlos y hacer frente a los daños producidos directa o indirectamente de su acción u omisión, así como respetar los derechos de tenencia de la tierra y no fomentar prácticas que contribuyan a la inseguridad alimentaria. ¡Tengámoslo siempre presente!

En el ámbito de la fiscalidad, las compañías no deben emplear los resquicios legales para disminuir al mínimo posible su carga fiscal, sino que deben comprometerse a tributar allí donde se produce su actividad económica, hacer pública su estrategia fiscal y ser más transparentes en su información financiera.

¿Todavía no lo sabes? No eres un simple espectador de nuestra sociedad. Como consumidor o consumidora tienes poder sobre las marcas, y tu elección les indica que quieres un mercado formado por empresas éticas y comprometidas con su comunidad. Si es así, ¿por qué no hacérselo saber? ¡Pronúnciate!

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