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La discriminación de la mujer en los países desarrollados se ha reducido a pasos agigantados durante los últimos cien años: el derecho a voto, el acceso a trabajos que estaban reservados a los hombres, la conquista de la educación universitaria son, entre otros, algunos ejemplos de ello.

Sin ninguna duda hemos avanzado, pero hoy día todavía es posible identificar pequeñas discriminaciones cotidianas de las que muchas veces no somos del todo conscientes y que consisten básicamente en la asignación de roles y estereotipos de género que perpetúan la desigualdad.

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Algunas causas de la discriminación de la mujer

¿A qué se debe que la discriminación de la mujer persista hoy? Básicamente enraíza con la división sexual del trabajo que de forma tradicional se ha aplicado en prácticamente todos los países. Veamos algunas características de esa división:

  • Los hombres trabajaban fuera de casa y ganaban dinero para mantener a la familia, mientras que las mujeres se dedicaban a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas o a actividades económicas menores alineadas con el papel de cuidadora. No te resulta ajeno, ¿verdad?
  • Eran los hombres quienes gozaban del acceso a la educación y al conocimiento. La mujer, por su parte, quedaba excluida por no tener ese mismo bagaje. El poder que los hombres ostentaban no solo se manifestaba a nivel colectivo, sino también en el núcleo familiar, el cual se veía potenciado por la dependencia económica de la mujer.
  • A raíz de este punto es que nacen las reivindicaciones feministas para la liberación femenina, la lucha por el acceso a la educación, la igualdad laboral, entre otras que nos han permitido avanzar hacia una mayor igualdad de género.

Como vemos, todavía mantenemos ciertos esquemas mentales que se corresponden con una concepción social que mantiene la discriminación de la mujer y hace que no consigamos alcanzar una igualdad plena.

¿Perpetuamos la discriminación de la mujer con los juguetes y los juegos?

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Aunque la mayoría de personas quiere educar a sus hijos e hijas en valores como la tolerancia y el respeto y potenciar una mentalidad abierta, es habitual transmitirles diferentes roles a través de algo de lo más común en los niños y las niñas: el juego como recurso lúdico y los juguetes.

Recordemos que es a través de esto como los pequeños adquieren valores y empiezan a ver cuál es su papel en la sociedad y qué actitudes se espera de ellos: deporte, actividad, competitividad; tareas domésticas, muñecas, sumisión para las niñas, etc.

El juego es un recurso que les plantea pequeñas realidades paralelas que les enseña a comportarse y a poner en práctica los principios de convivencia en un determinado grupo social al que pertenecen.

Esos son los valores que se desprenden de los juguetes que podemos encontrar en la mayoría de establecimientos. Todo lo relacionado con las tareas del hogar, con el cuidado de los niños y las niñas, con la belleza o con la moda va dirigido a las niñas, en un lenguaje claramente sexista que las incita a mantenerse dentro del ámbito del hogar y a perpetuar otros estereotipos similares.

En cambio, a los niños se les ofrece un rango de juguetes mucho más amplio —coches, pelotas, juegos mecánicos— que los encaminan hacia actividades profesionales. ¿Te lo habías planteado de este modo?

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Roles sociales: ¿por qué el juego es tan importante?

Como te decíamos, los niños y las niñas adquieren su primer contacto con la realidad a través del juego. Es con los juguetes con lo que toman sus primeros referentes y toman sus primeras decisiones, aunque éstas respondan a lógicas lúdicas.

Por tanto, es importantísimo que interactúen con una amplia variedad de juguetes para que puedan experimentar y decidir qué les interesa y qué no, independientemente de lo que se ha considerado como femenino o masculino de forma tradicional.

Elegir con responsabilidad los juguetes que compras a tus hijos e hijas es esencial para evitar la permanencia de estos roles de género, para educarles en igualdad y, sobre todo, para luchar contra la discriminación de la mujer que, todavía hoy, se cuela en nuestros hogares y en nuestras mentes.

Es un trabajo de todos, pero en los padres y las madres permanece la esperanza de que, poco a poco, esta segregación dejará de existir pronto. Ambos sexos somos diferentes, sí, pero que esta diferencia no nos debilite. ¡Juntos sumamos siempre!

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