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Las ecoetiquetas son distintivos que nos ayudan a identificar aquellos productos, materiales o incluso servicios que han sido elaborados con prácticas que contribuyen al cuidado y la conservación del medioambiente.

Como tal vez te iría bien refrescar la memoria sobre el significado y la utilidad de estas etiquetas, en este post nos proponemos que te adentres en el muchas veces complicado mundo de las ecoetiquetas. ¿Le echamos un vistazo?

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Identifica algunas etiquetas ecológicas

Vamos a empezar con las ecoetiquetas más conocidas del mercado actual, tanto si son de carácter oficial como de instituciones privadas. Empecemos:

1. De organismos oficiales:

La etiqueta ecológica europea:

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Ecolabel fue creada en 1992 y reconoce a aquellos productos y servicios (excepto del sector de alimentación, bebidas y fármacos) que durante su etapa de fabricación, distribución, empleo y residuo generan menor huella sobre el entorno y, por tanto, son más respetuosos que otros de su misma categoría. La denominada flor europea aparece asociada a una gran variedad de productos, como por ejemplo artículos de limpieza, prendas de vestir o muebles, pero también al sector servicios; los criterios son iguales para todos los países miembros.

La hoja verde de la UE:

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Es el sello oficial de la Unión Europea para los alimentos ecológicos. Indica la ausencia de organismos genéticamente modificados en la agricultura e identifica a aquellos productos que han sido cultivados o criados con métodos que conservan, cuidan y favorecen el medio ambiente, garantizando, de paso, el bienestar de los animales y el rechazo de plaguicidas, fertilizantes o antibióticos. Un ejemplo claro de ello es la denominada carne ecológica.

 

La etiqueta energética europea:

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Mediante categorías que van de la A+++ a la D y los diferentes colores de cada una, señala el nivel de eficiencia energética que ofrece un nuevo electrodoméstico. También es obligatoria en otros productos como bombillas, neumáticos nuevos, ventanas o edificios de reciente construcción, aunque en cada caso presenta sus propias características.

 

 

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2. De certificación privada:

Certificación de pesca sostenible:

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La etiqueta ecológica azul de Marine Stewardship Council (MSC) es una garantía de captura sostenible y trazabilidad de los productos pesqueros que asegura al consumidor que no hay sobreexplotación de recursos y que el pescado y marisco de sus platos es respetuoso con el planeta. Las encargadas de evaluar que los productos cumplen los estándares de pesca responsable son entidades auditoras independientes. Si quieres más información sobre los productos que disponen del sello certificado MSC, puedes obtenerla accediendo a su página web.

 

Productos forestales sostenibles:

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Gracias a PEFC, organización global sin ánimo de lucro, es posible ser respetuoso con los bosques del planeta y preservarlos para las próximas generaciones. La certificación PEFC garantiza la trazabilidad de los productos procedentes de los bosques y nos indica que el origen del papel, la madera y otros productos forestales, como pueden ser el corcho o las setas que adquirimos, no proceden de una tala ilegal sino de bosques gestionados de manera sostenible y que permiten la conservación de la biodiversidad. Si te interesa tener más información acerca de los productos forestales sostenibles, consulta la página www.pefc.es

 

Certificado AENOR de la Huella de Carbono

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En este caso, la certificadora española AENOR es la encargada de su gestión. Un tercero independiente y reconocido acredita, mediante este sello, la veracidad del cálculo, reducción o compensación de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al ciclo de vida de un producto o a la actividad de organizaciones, eventos o servicios. Este sello actúa como un instrumento de transparencia que permite conocer la participación que una compañía, un producto o un servicio tiene sobre el cambio climático. Esta entidad de referencia, que cuenta con un aval de más de 5000 certificados y cerca de 5000 verificaciones y validaciones ambientales, dispone de otras certificaciones medioambientales como la del Sistema de Gestión Ambiental ISO 14001, que garantiza que una empresa dispone de un sistema de gestión ambiental destinado a controlar, disminuir o impedir su efecto sobre el entorno.

Conoce los 3 tipos de etiquetas ambientales

Una vez descritas las ecoetiquetas más conocidas del mercado actual, conviene que ahora eches un vistazo a los tipos de sellos que poseen estas características. Según la clasificación de la Organización Internacional de Normalización (ISO), las ecoetiquetas se dividen en los siguientes tipos:

1. Los sellos autorizados o ecoetiquetas

Están respaldadas por la norma ISO 14024 y cotejan entre sí productos o servicios equivalentes. Implican que un tercero, de forma imparcial, ha certificado un producto o servicio, siguiendo para ello unas rigurosas normas ambientales fijadas con anterioridad y, además, le ha otorgado oficialmente el uso de la ecoetiqueta al ser el ciclo de vida de ese producto o servicio más beneficioso para el medio ambiente que otro de igual rango.

2. Las autodeclaraciones ambientales

En este caso, corresponden al tipo II y se guían por la norma ISO 14021. No requieren de la certificación de un tercero ni están comprobadas por un organismo imparcial. En cambio, es la propia empresa fabricante del artículo la que declara mediante algún emblema o escrito (como podrían ser las frases “papel sostenible” o “producto amigo del planeta”) que ese producto tiene alguna condición por la que destaca ambientalmente. Esta normativa ISO se relaciona con el círculo de Möbius, que puedes ver representado en la imagen superior. ¿Lo reconoces? Gracias a este distintivo, el cliente sabrá que el artículo o su envase se pueden reciclar cuando aparezca un triángulo formado por tres flechas verdes (o que incluye elementos reciclados) y sabrá cuál es el porcentaje de estos si aparece un dato numérico en el interior de esta figura.

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3. Las declaraciones ambientales de producto

En este caso, integran el grupo III y siguen la norma ISO 14025. Con ellas el cliente dispondrá de información cuantificada sobre posibles impactos de un artículo en el medio ambiente. Para conseguir esos datos se analiza el ciclo de vida del producto, estudiando todo el proceso que comprende desde el momento de la extracción de las materias primas hasta el final de su vida útil.

Diferencias clave entre los 3 tipos de ecoetiquetas

¿Te han quedado claras las diferencias entre las etiquetas de la tipología anterior? Aunque tienen en común el hecho de ser de carácter voluntario, son las primeras y terceras las que ofrecen mayor seguridad al cliente final, pues su criterio depende de una entidad fiable independiente y no de la propia compañía que fabrica el producto.

Esto no quiere decir que las autodeclaraciones ambientales no sean válidas. Claro que lo son, y de hecho algunas de ellas tienen una acogida significativa en sus respectivos mercados. ¿Por qué no habríamos de creerle a estas empresas?

Lo que ocurre es que entre un sello que reconoce una entidad autónoma y especializada y otro emitido por la propia compañía, probablemente la clientela prefiera el primero. Los sellos externos, tanto privados como oficiales, otorgan mayor fiabilidad y prestigio.

De otro lado, el tipo III de ecoetiquetas posee un mayor nivel de detalle del que carecen los otros dos. En ellas se describe el proceso de fabricación paso a paso, dejando claro que se trata de un producto respetuoso.

 

¡Ahora ya sabes que no solo hay productos sino también empresas que contribuyen a reducir tu huella ecológica! Fíjate en las etiquetas y no solo conseguirás que tu consumo sea aún más responsable, sino que también estarás indicando a la industria y a las marcas que quieres cuidar del medio ambiente y que esperas que ellos también se comprometan. ¿Conoces tu poder como consumidor? ¡Utilízalo para el bienestar de nuestro planeta!

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