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Discriminación: ¿quién no conoce la palabra y su significado? Sin embargo, si vamos más allá y nos centramos en la discriminación social, vemos que tiene más caras de las que nos vienen a la mente en un primer momento. ¿Cuántos tipos podrías nombrar? Te detallamos una relación de las más comunes en nuestro alrededor.

Abuso, represión, marginación, aislamiento, maltrato… caras de una misma moneda. En cada contexto o país se dan de forma distinta, dependiendo de su nivel de desarrollo, de su cultura e, incluso, de sus leyes. ¿Eres capaz de identificarlas?

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Discriminación por razón de género

Durante el año pasado y lo que llevamos del presente, el feminismo ha ocupado muchos minutos en los telediarios y ha tomado las redes sociales. 2018 será recordado como el año de la lucha feminista. Pero dentro de esta lucha se engloban varios tipos de discriminación social:

  • Madres trabajadoras. En muchas empresas las mujeres embarazadas o con bebés que se acogen a la reducción de jornada que les pertenece son despedidas. El problema no solo reside en la falta de leyes que las protejan, también en una cultura patriarcal que considera que una mujer, cuando es madre, no puede rendir en el trabajo igual que un hombre.
  • Mujeres en puestos de responsabilidad. A pesar de que hay más mujeres con estudios universitarios que hombres, para ellas sigue siendo más difícil alcanzar puestos directivos en el mundo laboral, que son, en su gran mayoría, ocupados por hombres.
  • Brecha salarial. Por más que pretendan negarla o justificarla, la diferencia salarial entre hombres y mujeres es una realidad. En puestos similares con similares responsabilidades, ellos cobran más que ellas. Además, hay que tener en cuenta que, a veces, las mujeres, por distintas causas, solo tienen acceso a trabajos mal remunerados o de media jornada.
  • En los juzgados. Los medios de comunicación se hacen eco constantemente de juicios a maltratadores, o sobre violaciones o agresiones sexuales a mujeres en los que, de alguna manera, se culpabiliza a la víctima y se justifica a los agresores. Y esto provoca que, en muchos casos, la víctima decida no denunciar para no pasar por ese trance.

Homofobia

En la pequeña pantalla es habitual ver a presentadores y presentadoras de éxito que son homosexuales, pero, en la vida real, y especialmente en algunos sectores, muchas personas se ven con la obligación de esconder su homosexualidad en numerosas circunstancias para que no sea un handicap, por ejemplo, en una entrevista de trabajo.

Tristemente, se siguen dando noticias de parejas gays que han sido agredidas por mostrar su homosexualidad en público. Así que aún queda mucho camino por recorrer hasta la aceptación real. En el caso de las personas transgénero, la discriminación social que sufren es mucho más grave, si cabe.

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Discapacidad física o intelectual

Las barreras físicas que se encuentran las personas con movilidad reducida por la ciudad son infinitas: estaciones de metro sin ascensor, bordillos insalvables, aceras estrechas o con obstáculos (farolas, cubos de basura, motos aparcadas, baches…), puertas de acceso a locales estrechas, baños inadecuados, etc. Todas estas barreras dificultan su integración en la sociedad con normalidad. No tienes más que intentar recordar con cuántas personas con discapacidad física has coincidido trabajando en toda tu carrera profesional. Probablemente ninguna o muy pocas. ¿Es así?

Eso, sin olvidar a las personas con discapacidad intelectual. Son quienes más difícil lo tienen, aunque ya nos han demostrado que hay trabajos que pueden realizar teniendo en cuenta el resto de sus capacidades. Un gran ejemplo de ello es Pablo Pineda, que con síndrome de Down es universitario, maestro, actor, conferenciante y escritor. Todo lo ha conseguido con su esfuerzo superando todas las trabas que le han ido poniendo por el camino.

Discriminación social por edad

Es una de las que más habla del tipo de sociedad que estamos creando. Ya no se valora a las personas mayores como antaño, no nos nutrimos de la sabiduría y experiencia que han adquirido a lo largo de su vida.

Sobre todo a partir de los 45 años, prácticamente se les expulsa del mercado laboral. Y esto no solo sucede en el competitivo mundo laboral, pues algo parecido les sucede en el entorno familiar. ¿Lo has pensado alguna vez?

Laicidad o catolicismo

En España solo son bien aceptadas socialmente dos opciones: o eres una persona atea o practicas el catolicismo. Pero la realidad está llena de otras muchas religiones a las que se les margina e, incluso, en algunos casos, se les teme. Es un problema educacional que se debería atajar en los colegios, donde los niños y niñas conviven con la diversidad religiosa cada día. ¡Aprendamos de ellos y ellas!

"discriminación social"

Ataques por la ideología política

Hay que tener cuidado con los comentarios que publicamos en nuestros perfiles personales en redes sociales. Sea cual sea tu inclinación política, siempre va a haber alguien que se va a atrever a insultarte o menospreciarte por ella. ¡No caigas en su trampa!

Discriminación por origen o raza

En nuestro país tenemos la creencia de que no somos racistas. Eso sí, “si vienen aquí, que se amolden a nuestras costumbres”. Esta frase, que seguro que has oído muchas veces, no es en absoluto respetuosa con las personas de otra raza o país. La integración es la clave para eliminar el racismo, y para conseguirla todos tenemos que conocer, aceptar y respetar al prójimo, tanto la persona que llega como la que acoge.             

Discriminación socioeconómica

Parece increíble que hoy en día sigamos sufriendo el clasismo. Y no solo sigue siendo una realidad, sino que, a consecuencia de la crisis económica y la degradación económica, ha aumentado. Miles de familias se han visto excluidas de la sociedad al reducir drásticamente su capacidad económica.

Algunas de las consecuencias de esta situación son que lleva a los adultos a aceptar trabajos de semiesclavitud, y los niños y niñas no pueden participar de las actividades que corresponden a su edad, entre otras.

En definitiva, es necesario dar a conocer las distintas caras que tiene la discriminación social para poder combatirla. Como ves, queda mucho trabajo por delante, pero, sin duda, pasito a pasito conseguiremos alcanzar la igualdad… ¡educando, sensibilizando y poniendo en práctica la buena convivencia!

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