Son hombres, mujeres, niños y niñas con nombre y apellido. Han escapado de la atrocidad de la guerra y se han encontrado un camino de espinas antes de lograr llegar a un lugar seguro en Europa, antes de hallar ese destino donde comenzar su vida de nuevo. 

Solemos referirnos a ellos como “personas refugiadas“. ¿Piensas que hemos sabido ofrecerles la protección que requerían?

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Zafia junto a sus nietos en el campo de tránsito para personas refugiadas en Idomeni, frontera entre Grecia y Macedonia. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Pablo Tosco es fotoperiodista de Oxfam Intermón desde 2004. Se encarga de documentar la labor de la ONG en proyectos de cooperación, desarrollo y acción humanitaria en África, América Latina y Asia. Su trabajo permite hacer visibles las crisis y las vidas de personas afectadas por ellas, y mostrar que las desigualdades provocan tragedias como las migraciones y los desplazamientos forzados. Un ejemplo de ello es su colaboración en el libro Siria: La primavera marchita y el documental District Zero, coodirigido por él y producido por Oxfam Intermón y Arena Comunicación.

Pablo Tosco ha documentado el trabajo de Oxfam Intermón a través de personas refugiadas, acompañando a la población migrante y refugiada durante su difícil ruta. Este es su relato sobre la vida de estas personas, a menudo olvidadas. Las imágenes no mienten.

Las noches del éxodo

“El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”, Ernesto Sábato.

En 2015, más de un millón de personas, huyendo de la guerra, la desigualdad y la pobreza, han llegado a Europa buscando un lugar seguro y digno donde reconstruir sus vidas. 

Nadie ha escogido huir, y mucho menos decidir esta ruta para buscar refugio.

Una luz intermitente en medio de la oscuridad de la noche en el mar Egeo. Gritos de personas flotando en un bote a la deriva buscando la costa. Las llamas de una fogata que calienta los cuerpos mojados… 

Ramadan abraza a su hijo de dos meses envuelto en una manta. 

Miles de personas en la oscuridad cruzando fronteras entre alambradas y sombras.

Intentan descansar en asientos o pasillos de trenes y autobuses, dormir en el suelo. Se exponen a abusos de traficantes de personas, policías, taxistas…  

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¿Qué sucede en la vida de las personas refugiadas y migrantes cuando cae la noche? Inseguridad, desconcierto, incertidumbre, miedo, desorientación…

La desesperación de llegar a un puesto fronterizo sin saber dónde está uno ni adónde debe ir.

En una carretera oscura, Nour camina gritando los nombres de sus hijos para que no se pierdan. 

Una cola interminable de personas en la penumbra de la noche esperando registrarse, hacerse visibles, curarse las heridas, abrigarse y seguir caminando para continuar el viaje.

Las noches caen sin avisar, pueden ser una pausa obligada cuando toca descansar y conciliar el sueño, aunque no haya condiciones. Es cuando más flaquean las fuerzas, y surge el miedo y la incertidumbre.

En medio de la noche, las leyes se esconden y en los rincones oscuros se pierden los derechos como si de una metáfora macabra se tratase. Es cuando el drama de quienes buscan refugio se torna más siniestro. Cuando todos son aún más vulnerables.

Un recorrido por las noches del éxodo de personas que huyen de los conflictos armados y la pobreza. 

Un mapa de la crisis migratoria con más náufragos que tripulantes.

Las imágenes del éxodo

Vidas que dependen de un bote de goma

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Un grupo de personas refugiadas llega a la isla de Lesbos en un bote de goma proveniente de Turquía. Tras pagar a los traficantes cantidades que rondan los 1.000 € por persona (800 € si son más de 60 o si hace mal tiempo), arriesgan su vida en un peligroso viaje sin garantías. Con salvavidas de dudosa calidad, sin ninguna noción de conducción, muchas veces de noche y en condiciones meteorológicas adversas. Hay quienes tienen la suerte de llegar a playas donde les esperan grupos de personas voluntarias de toda Europa, y quienes llegan a acantilados inhóspitos y solitarios. Más de 4.000 no lograron llegar a la costa en 2015. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Buscando el abrigo del fuego de una hoguera

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50 personas refugiadas se calientan al fuego de una hoguera. Estas personas refugiadas proceden de Siria, huyeron desde las costas de Turquía hasta las playas de la isla griega de Lesbos. Europa tiene la responsabilidad de protegerlas y respetar los derechos y la dignidad de quienes llegan a sus fronteras. Además, debe tomar medidas para crear vías seguras y legales para que las personas que buscan refugio no tengan que arriesgar sus vidas ni emprender peligrosos viajes. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Sillas, sofás, suelo… Un lugar para procurar descansar

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Un grupo de refugiados afganos descansa en la zona de restaurante del ferry que los transporta desde Lesbos hasta Atenas. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Intentando comprar billetes de tren

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Un grupo de refugiados afganos intenta comprar billetes de tren en la estación de Presevo. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Continuando el camino incluso de noche

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Un refugiado camina por la vía del tren en dirección a la estación de trenes de Presevo, ciudad serbia fronteriza con Macedonia. Hay un tren diario que recorre el país de sur a norte con una capacidad de 600 ocupantes que los transporta hasta Croacia. Al centro de registro de la ciudad de Presevo, frontera sur de Serbia, llegan un promedio de 2.000 personas al día, muchas de ellas no acceden a tomar el tren y deben emprender ese recorrido en bus. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Una negativa y la imposibilidad de atravesar la frontera

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Un grupo de refugiados sirios observa como la policía de Macedonia niega el acceso a un refugiado afgano en el puesto fronterizo de Idomeni. El gobierno de Macedonia ha restringido el acceso a personas que no sean sirias o iraquíes. Idomeni es el pueblecito griego de 150 habitantes a donde llegan entre 1.000 y 3.000 refugiados y migrantes de media cada día, con la intención de que les autoricen a cruzar, a pie, al lado macedonio. El paso de frontera se abre y se cierra aleatoriamente, por lo que, a menudo, la gente se acumula en esta zona inhóspita, donde por la noche se alcanzan en invierno varios grados bajo cero. Desde mediados de febrero de 2016 solo pueden cruzar sirios e iraquíes. Como consecuencia, las otras nacionalidades, como afganos, paquistaníes, marroquíes o argelinos, se quedan aquí bloqueadas. Las ONG reparten comida varias veces al día y han habilitado un espacio con literas y con baños, con capacidad para 1.500 personas, a todas luces insuficiente para acoger a toda la gente que llega a este punto. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Nour y su familia logran cruzar la frontera en la oscuridad

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Nour, junto a su familia siria, atraviesa la frontera entre Macedonia y Serbia en medio de la noche. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Una larga espera en un vagón

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Un grupo de personas refugiadas espera en un vagón la salida del tren con dirección Croacia. Estación de trenes de Presevo, ciudad Serbia fronteriza con Macedonia. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Huir de un conflicto armado, atravesar con tu familia la frontera de noche y tener que sortear abusos durante tu ruta

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Una familia siria atraviesa la frontera entre Macedonia y Serbia en medio de la noche. Los conductores de taxis persuaden a las personas en medio de la noche con informaciones confusas para que tomen el taxi a precios exorbitantes. Miles de migrantes entran a Serbia buscando continuar su ruta hacia el centro de Europa. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Sufrir las consecuencias de la inseguridad del viaje

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Un grupo de voluntarios abrazando a una joven refugiada siria en estado de hipotermia. Personas como ella han huido desde las costas de Turquía hasta las playas de la isla griega de Lesbos © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

¿Unimos nuestras fuerzas? Firma nuestra denuncia al gobierno español por eludir su responsabilidad con la población refugiada siria y usa el hashtag #ApoyolaDenuncia en tus redes. ¡Pasa a la acción! No te quedes en silencio mientras se siguen vulnerando sus derechos. Tiende tu mano y ayuda a la población migrante y refugiada. Logremos que dispongan de una ruta segura y que los países cumplan su compromiso.

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