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¿Cuántas mujeres conoces que dediquen parte de su tiempo de ocio a las tareas del hogar? ¿Te viene a la cabeza alguna mujer que haya cogido una temporada de descanso en el trabajo para cuidar de sus hijos o hijas? Estas situaciones que vemos constantemente en nuestra vida diaria son solo dos ejemplos de desigualdad entre hombres y mujeres, que no solo se extienden al ámbito laboral y doméstico, sino a muchas otras áreas. ¡Conócelas!

Descarga gratis nuestra guía sobre la desigualdad entre hombres y mujeres y su  evolución en los últimos años.

Una mujer apta para desempeñar un trabajo no siempre recibe el mismo trato que se le da a un hombre, y tampoco parte de las mismas condiciones en materia de educación o conciliación, lo que podemos considerar desigualdad de género. Hoy queremos hablar de 5 ejemplos de desigualdad entre hombres y mujeres que seguro que reconoces y para los que debemos tratar de encontrar una solución. Son datos de la publicación Mujeres y Hombres en España, realizada por el Instituto Nacional de Estadística en 2010. ¡No te la pierdas!

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Desigualdad entre hombres y mujeres, ejemplos

  • Las mujeres universitarias suponen un 54,1% del total y su rendimiento en títulos de grado y máster supera al masculino en diez puntos porcentuales. Además, un 61,1% de los lectores de tesis de menos de 34 años corresponden al género masculino. Aún así, solo el 16,8% del total de catedráticos son mujeres, un dato muy bajo comparado con la prevalencia de estudiosas de calidad en nuestro país.
  • El salario medio anual de una mujer es un 22% más bajo que el de un hombre, un buen ejemplo de la desigualdad de género. Además, un 15,2% recibe el salario mínimo o menos, un 5,6% en el caso de los hombres. En el caso de las pensiones, la diferencia también es significativa. Una pensionista recibe una media de 597,21 euros mensuales, mientras que su equivalente masculino cobra alrededor de 971,92 euros.
  • En cuestiones de conciliación también se aprecia desigualdad de género. El 82,2% de los desempleados que eligen esta situación por cuidar a hijos menores de 14 años son mujeres. En el caso de que solo decidan realizar un recorte de jornada, el 97,3% de los ocupados a tiempo parcial por estos motivos son mujeres. Además, las cifras relativas a trabajadores que han dejado de ejercer por un periodo mayor de un año con motivo del nacimiento de un hijo también son esclarecedoras: en el caso de los hombres, el porcentaje es de un 7,4%, mientras que el de mujeres es de un 38,2%.
  • Las tareas del hogar se reparten también de forma poco equitativa. En general, las mujeres dedican una media de 4 horas y 29 minutos a poner a punto su casa, mientras que los hombres solamente una media de 2 horas y 32 minutos. Además, la tasa de riesgo de pobreza también es mayor en la población femenina, un 21,3% frente al 20,1% de los hombres.
  • También en política podemos ver la desigualdad entre ambos géneros. De los trece ministros del gobierno, solo cuatro son mujeres. Además, los presidentes del Congreso y del Senado son todos del género masculino. En el caso de los presidentes autonómicos, de los 19 (17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas), únicamente cuatro son mujeres.

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¿Cómo podemos reducir la brecha de desigualdad de género?

En los últimos años parece que esta brecha de desigualdad de género se está reduciendo poco a poco, aunque todavía queda mucho por hacer, especialmente en los países del sur donde además del reto del desarrollo existe el reto de la equidad entre hombres y mujeres.

Organizaciones como Oxfam Intermón velan por el respeto a los derechos de las mujeres a través de sus programas, como Avanzadoras, donde se aplica un enfoque de género para asegurar el rol de las mujeres en su propio desarrollo. También lo hace en iniciativas como las de Comercio Justo donde se asegura que los productos están elaborados respetando la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. 

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Educar en igualdad de género en la infancia para prevenir la desigualdad en el futuro

Parece una idea extremadamente lógica, pero entonces… ¿por qué seguimos perpetuando los estereotipos de género en vez de fomentar la igualdad entre niños y niñas?

El Global Early Adolescent Study puede ser un aliciente para cambiar esta dinámica. Ha sido desarrollado en 15 países alrededor del mundo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Universidad de John Hopkins de Baltimore, en Estados Unidos.

Este estudio, en el que se han entrevistado a adolescentes y progenitores de diversos países, nos muestra que en la adolescencia temprana, la etapa que iría desde los 10 a los 14 años, se conforman las expectativas de género y cómo los niños y niñas llegan a la adolescencia con unas conductas adquiridas. Algo que se produce tanto en países desarrollados como en países en desarrollo. ¿Lo intuías?

Los resultados se recogen en el análisis It Begins at Ten: How Gender Expectations Shape Early Adolescence Around the World. ¿Y qué nos dicen las respuestas de adolescentes y progenitores?

  • La sociedad sigue asociando roles a niños y niñas. Los chicos son fuertes e independientes, y ellas son vulnerables y deben ser protegidas.

  • Hay conductas que no son válidas si eres una niña. A las niñas se las restringe salir de casa y, si llegan tarde, sus progenitores se molestarán, pero es algo que no está mal visto si eres un niño.

  • A cada género se le presupone un determinado comportamiento. La sociedad espera una forma de ser, una apariencia o vestimenta definida según el género. Y no está bien visto quién no dé el “perfil”, por lo que puede sufrir presiones o castigos para ajustarse al comportamiento que es considerado el apropiado para su género.

“Hablas como un marimacho”, “este tiene un estilo afeminado”, “no te vistas así, que vas provocando”, “un hombre no llora”… Son frases muy habituales hoy en día que nos demuestran que los roles o estereotipos de género afectan tanto a niños como a niñas. Pero si tanto unos como otras crecen con una serie de restricciones sociales determinadas por su género, en su etapa adulta serán hombres y mujeres que habrán interiorizado ideas como que las mujeres son débiles y los hombres son poderosos. ¿No crees?

Es importante que todos (hombres y mujeres) seamos conscientes de situaciones como las que hoy te hemos contado y las denunciemos cuando está en nuestras manos. Desdichadamente, todavía queda mucho camino por recorrer. ¿Por qué no lo hacemos juntos y juntas?

Tú, con tu actitud y tu ejemplo, decides en qué tipo de sociedad quieres vivir. ¿Apostamos por una en la que no exista ninguna clase de desigualdad y en la que toda su ciudadanía, hombres, mujeres, niños y niñas, viva plenamente sus derechos? ¡Está en nuestras manos!

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