Imagínate que una mañana, de camino al trabajo, a la escuela de tus hijos e hijas o de visita a la casa de sus progenitores te encuentras la lámpara de Aladino. ¿Qué tres deseos pedirías en relación con tu porvenir? Posiblemente vivir en uno de los países más pobres del mundo y no tener recursos para cubrir las necesidades más básicas no se encuentre entre ellos, ¿verdad?

Hay una regla en torno a la moral que dice que “no debes hacer a las demás personas aquello que no quieres que te hagan a ti”. Siguiendo el mismo propósito añadiríamos otra: “No desees para ellas lo que no desees para ti”. Vivir en uno de los países más desiguales del mundo implica que una parte de la ciudadanía carece de acceso a servicios básicos y esenciales para una vida digna. Te lo mostramos para que tomes conciencia.

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Países más pobres del mundo: ¿qué es la pobreza?

Una definición amplia del concepto nos lleva a identificarla como ausencia de dinero. Sin embargo, la pobreza es algo mucho más complejo que eso. Existen diferentes tipos de pobreza, según como se mida esta. Siguiendo el informe La pobreza y su medición, del Instituto Nacional de Estadística, encontramos:

  • Pobreza absoluta. Si la persona no tiene cubiertas sus necesidades básicas (bienes y servicios). Este concepto se vincula con la miseria.

  • Pobreza relativa. Si la persona está en desventaja económica y social en relación con las demás personas de su entorno. Este concepto se relaciona con la desigualdad.

  • Pobreza carencial. Si la persona carece o no tiene acceso a bienes y servicios que la sociedad estima como necesarios, sean o no de primera necesidad. Este concepto está ligado a la exclusión social y se considera privación multidimensional.

El Índice de pobreza multidimensional, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Oxford Poverty & Human Development Initiative, empleado hasta 2010 para señalar los países más pobres del mundo, estudia cómo perjudica la pobreza a nivel sanitario, educativo y en el nivel de vida en la población.

Y el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 1 es acabar con todas las formas de pobreza en el mundo. Una meta crucial. Te dejamos algunos ejemplos que lo demuestran. ¡Toma nota!

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Vivir en los países menos desarrollados del mundo: un día a día que implica muchas carencias

Una persona que viva en uno de los países más pobres del mundo puede afrontar diariamente diversas desventajas, como no disponer de acceso a agua limpia o tener un empleo precario. Pero también tiene muchas otras limitaciones, como las siguientes:

Acceso a servicios básicos

Si se carece de salud no es posible tener un completo estado de bienestar. Pero las condiciones económicas y sociales están generando desigualdades en materia sanitaria, pues influyen en la vida de las personas...

Las circunstancias en que nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos, envejecemos, así como los medios dispuestos para afrontar las enfermedades son los determinantes sociales de la salud de las personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona tendrá peor salud cuanto más baja sea su condición socioeconómica.

Por ejemplo: las tasas de mortalidad entre los niños y niñas menores de cinco años es mayor entre la población más pobre. En Mozambique la tasa de mortalidad infantil, es decir, el peligro de que un bebé fallezca entre su nacimiento y el primer año de edad, es de 120 por 1000. En cambio, en Islandia es de 2 por 1000.

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Acceso a alimentación de calidad

Las dietas saludables nos protegen frente a la malnutrición y las enfermedades no transmisibles. La malnutrición y el hambre también influyen sobre la productividad de las personas, haciendo que lo sean menos y no tengan capacidad para mejorar sus ingresos y su forma de vida.

Pero la alimentación también está condicionada por agentes socioeconómicos. De hecho, la OMS alerta de cómo la pobreza aumenta el peligro de padecer malnutrición. Entre ellos podemos encontrar los ingresos, los precios de los productos que harán que los alimentos saludables sean o no asequibles, el cambio climático o las guerras. Estas influyen de manera negativa sobre la disponibilidad de alimentos, los encarecen y arruinan las tierras de cultivo.

Según la ONUla mayor parte de la población que padece hambre vive en países menos desarrollados. Y Asia del Sur es la región que afronta una situación más complicada: hay 281 millones de personas subalimentadas.

Como siempre, los y las menores son uno de los colectivos más afectados cuando existe una nutrición pobre. Padecen, por ejemplo:

  • Retraso de crecimiento. Hay uno de cada tres niños y niñas de países en desarrollo afectados frente a uno de cada cuatro en el resto del mundo.

  • Acudir a la escuela con hambre. En los países en desarrollo hay 66 millones de menores de primaria en esta situación, en concreto, en África, hay 23 millones de niños y niñas.

Acceso a vivienda

Las causas de la pobreza son múltiples y se interconectan entre sí. De este modo, los salarios precarios, la imposibilidad de estudiar y formarse o, de nuevo, los conflictos armados y los efectos del cambio climático, entre otras, determinan si una persona puede disponer de un lugar digno para vivir.

El problema no se queda limitado a tener o no un techo donde cobijarse, sino que también engloba el acceso a fuentes de agua limpia o disponer de saneamiento básico, como retretes o electricidad. Las dos primeras son vitales para garantizar una higiene saludable y están vinculadas con la propagación de enfermedades como las diarreicas.

Además, hay que tener en cuenta la ubicación, pues las Naciones Unidas señalan que hoy en día viven en barrios marginales 883 millones de personas, la mayor parte, en Asia oriental y sudoriental. Las condiciones de vida son mucho más precarias e influyen sobre la esperanza de vida. Además, su localización puede hacerlas más vulnerables a los efectos de los fenómenos naturales como los huracanes.

En los países más desiguales del mundo la población no tiene opción a decidir sobre su día a día. Las distintas manifestaciones de la pobreza están interrelacionadas, vulneran sus derechos y excluyen socialmente. ¿Imaginabas todas estas consecuencias?

¿Podemos incluir a España entre los países más pobres del mundo?

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Ana Cárdenas tiene 53 años y vive en Barcelona. Tras sus estudios de secundaria, hizo varios cursos de contabilidad y gestión. Con 30 años se unió a una empresa como asistente de contabilidad, que para ella fue “el trabajo de su vida”. Tenía buenas condiciones laborales, un ambiente de trabajo seguro y saludable, un salario digno y la confianza de su jefe. Sin embargo, cuando volvió a trabajar tras la baja de maternidad de su hija, el servicio de gestión y contabilidad fue subcontratado y ella perdió su empleo. Actualmente es empleada de hogar. No espera tener un trabajo diferente, pero sí acceder a mejores condiciones laborales, estando totalmente cubierta por un contrato de trabajo que cotiza a la Seguridad Social, y alcanzar un salario mínimo digno. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Y tú, ¿qué qué piensas? Todas las respuestas a este interrogante las encontrarás en el informe Desigualdad 1 – Igualdad de Oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobreza, elaborado en 2019 por Oxfam Intermón. Pero te adelantamos cinco claves sobre cómo la pobreza puede manifestarse en tu vida. ¡No las pierdas de vista!

  1. Puedes heredar la pobreza o la riqueza. Si naces en una familia con ingresos altos, tú ganarás un 40% más que si lo haces en el seno familiar de una con rentas bajas.

  2. Puedes padecer inmovilidad social. Si eres una persona rica o pobre seguirás siéndolo, pues para las personas más empobrecidas es más dificultoso modificar su condición a lo largo de su vida.

  3. Puedes no beneficiarte del crecimiento económico. Este solo ha favorecido a las rentas altas desde que se ha iniciado la recuperación. En 2018 hubo 617.000 hogares españoles en los que no se percibió ningún tipo de retribución. En cambio, había 1.690 personas ultramillonarias.

  4. Puedes sufrir un sistema educativo inequitativo, ya que ahora lo es más que antes de la crisis. Una de cada dos personas que dejan los estudios de forma prematura proceden del 20% de familias con menores ingresos.

  5. Puedes tener precariedad laboral. En 2017, el 51,65% de la población trabajadora inscrita en el Régimen General de la Seguridad Social tenía algo en común: disponía de un contrato parcial, temporal o ambas cosas. Pero si eres mujer, en este caso, tu situación empeora. Siete de cada diez personas que perciben el salario mínimo interprofesional y el 70,8% de las que tienen un contrato a tiempo parcial no deseado pertenecen a este colectivo.

Todo esto demuestra que la crisis supuso para nuestro país un aumento en la desigualdad y que, a día de hoy, no se ha logrado revertirla, de modo que un futuro digno para ti y tus hijos e hijas está en peligro. Desde Oxfam Intermón reivindicamos al Gobierno actuar de manera prioritaria contra ella. Si quieres, puedes unirte a nuestra voz a través de la iniciativa El privilegio de decidir. ¿Quién dice que no puede tocarte también a ti?

También puedes fomentar un crecimiento inclusivo desde tu empresa generando oportunidades laborales para los colectivos más desfavorecidos, luchar por la igualdad de género, sensibilizar sobre las consecuencias de la pobreza o sumarte al Reto del Hambre Cero. ¡Todo cuenta!

La pobreza atenta contra el bienestar de personas y familias de muchos puntos del planeta. Nos esperan grandes desafíos, pero el compromiso de todos los entes sociales puede permitir que se establezcan medidas y políticas que favorezcan a la mayoría. ¡Luchemos por la misma causa!

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