Seguramente habrás oído hablar más de una vez de la desigualdad social, término que en los últimos años ha cobrado especial protagonismo cuando se trata de analizar las relaciones geopolíticas internacionales o la inclusión de sectores sociales que, por diversas razones, han estado históricamente marginados.

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Desigualdad social: de qué hablamos exactamente

La desigualdad social es una situación socioeconómica que se presenta cuando una comunidad, grupo social o colectivo recibe un trato desfavorable con respecto al resto de miembros del entorno al que pertenecen.

No solo se manifiesta en aspectos como el poder adquisitivo, que es sin duda la causa principal de la exclusión y la falta de oportunidades en muchos lugares del mundo. Otros elementos que pueden motivar la desigualdad social son la cultura, la etnia, la raza, la religión, el origen y la nacionalidad, las costumbres y la ideología.

Es por esto que en casi todos los casos la desigualdad social conlleva, además de una situación de marginación y aislamiento, el señalamiento de esos grupos sociales que se han visto afectados directamente por esta circunstancia. Quédate con esta idea, porque hay mucho más que contar… ¡Sigamos!

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¿Siempre ha existido la desigualdad social?

La lucha por alcanzar una igualdad social plena ha ido variando a lo largo del tiempo en función de los cambios que han experimentado las sociedades. Nunca ha existido un sistema socioeconómico completamente igualitario. De hecho, los privilegios y las jerarquías sociales han existido incluso desde las primeras formas de organización social que surgieron en la antigüedad.

La lucha contra la desigualdad social ha transcurrido paralelamente a la aparición de los derechos fundamentales. La Declaración de los Derechos del Hombre, en 1789, y la aprobación de la Carta de los Derechos Humanos, en 1948, son dos acontecimientos esenciales en este sentido.

Ambos textos elaboraron el marco necesario para el reconocimiento de los derechos inherentes a la condición humana, entre ellos, el de la igualdad y sus diferentes manifestaciones: social, política, económica o cultural.

Hoy día, pese a que los Derechos Humanos constituyen un concepto general al cual se han adherido casi todas las naciones del mundo, la situación de desigualdad social no está del todo erradicada. Por el contrario, existen indicios claros de que en los últimos años ha ido en aumento, lo cual le convierte en uno de los principales retos para la gobernanza mundial en el siglo XXI.

De hecho, en 2014, la Organización de las Naciones Unidas incluyó la lucha contra la desigualdad social como uno de los objetivos prioritarios de gobernanza mundial en los próximos 30 años, especialmente en países en vías de desarrollo o en contextos marcados por la pobreza, la exclusión y la marginalidad.

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¿Cuáles son las principales causas de la desigualdad social?

La desigualdad social es un problema estructural. Es decir, está enquistada en los sistemas políticos y económicos que determinan el rumbo de nuestras sociedades, y quizá de ahí provenga la dificultad para combatirlos definitivamente.

Como decíamos antes, es una situación cuyas causas varían según las características de cada lugar, región, país o continente. Sin embargo, si echamos una mirada de carácter general al problema, se pueden identificar claramente algunas causas estructurales. Lee con atención la siguiente lista con 7 de ellas:

  • Corrupción

Los sistemas de gobernanza, además de ser en muchos casos ineficaces, tienen altísimos índices de corrupción y opacidad. No saber en qué se invierte el gasto público ni los mecanismos de contratación y gestión contribuye a que el dinero público acabe en manos de unos pocos grupos. Y esto, a su vez, es una causa directa de la pobreza y la desigualdad social: lo que en principio estaba destinado a mejorar la calidad de vida de las personas, ha acabado en manos de terceros. Cuanta más corrupción, más desigualdad social.

  • Sistemas fiscales inequitativos

La desigualdad social se aprecia a través de las contribuciones de los grupos que conforman una comunidad. Lo lógico sería pensar que los que tienen capitales más grandes sean los que más aportes realicen a los sistemas tributarios o de tipo fiscal. Pues no siempre es así, lo cual permite que las clases más favorecidas aumenten sus beneficios y los grupos sociales marginados lo tengan más difícil para ascender en la escala social.

  • Privatización de servicios públicos

En muchos países del mundo, la privatización de servicios públicos ha pasado de ser una opción de gestión a convertirse en un obstáculo para el cumplimiento de derechos fundamentales de la población. Hablamos del agua, la energía, la salud o la educación, entre otros. En los casos más extremos, la privatización es un sinónimo de exclusión y marginación de ciertos colectivos.

  • Guerras y conflictos armados

Por lo general, la guerra no solo es una manifestación de la falta de convivencia, tolerancia y respeto por los distintos grupos sociales que interactúan dentro de un mismo espacio. También se usa como un método para reforzar el poderío de ciertos grupos sociales sobre otros, bien sea por razones religiosas, culturales, ideológicas, étnicas, raciales o de origen. Quienes ganan las guerras, además, son casi siempre los que se apoderan del derecho de acceder a los recursos y las fuentes de ingresos que en principio tienen una naturaleza común.

  • Distribución injusta de la inversión y el gasto público

Casi todos los casos de desigualdad social que apreciamos se originan en una injusta inversión del gasto público, es decir, de los fondos comunes en cualquier sociedad. En muchos lugares del mundo, los grupos sociales que más tienen se erigen en el derecho de acaparar el grueso de los recursos que, en realidad, pertenecen a todos; de esta manera la brecha social se ensancha.

  • Acceso desigual al conocimiento

El conocimiento, la información y las nuevas tecnologías son elementos vitales para el desarrollo de cualquier sociedad. Pero si estos están en manos de unos pocos grupos, que además los usan a su antojo y según sus beneficios, la labor inicial que deberían tener acaba tergiversada. Esto también supone la difusión de imágenes e ideas que no se corresponden con la realidad, lo cual genera sociedades desinformadas y que muchas veces toman decisiones en contra de sus propios intereses. En estos casos es cuando queda clara la importancia del control y la restricción del conocimiento.

  • Marginación de espacios públicos de incidencia

Otra forma de desigualdad social, aunque quizá más sutil que las anteriores, se aprecia cuando las instituciones, entidades y organismos públicos se revelan bajo el dominio de unos pocos grupos. Cuando esto pasa, la intención de dichos grupos es excluir al resto de las personas para que no puedan acceder al Estado como tal y, por tanto, no participen activamente de las decisiones que a todos les incumben. Las sociedades que no confían en sus organismos públicos son casi siempre las más desiguales; la falta de interés y la desafección por los asuntos públicos constituyen otra fuente directa de desigualdad social.

¿Dónde se aprecia la desigualdad social en la vida cotidiana? Algunos ejemplos:

Al ser estructural, la desigualdad social es una situación que se puede apreciar con facilidad en nuestra cotidianidad. Sin embargo, es bueno aclarar que es mucho más visible en aquellos países que más sufren los efectos de la pobreza, la marginación y la exclusión.

¿Se te ocurren algunos ejemplos en los que quede patente la desigualdad social, tanto en tu entorno como en otros? A nosotros sí; lee con atención la siguiente lista:

1. Limitación de la atención sanitaria a extranjeros en España

En el año 2012, el Gobierno de España tomó una polémica decisión: restringir la atención médica a las personas que no tuvieren en poder su tarjeta sanitaria, un documento exclusivo de los ciudadanos y ciudadanas españoles y los extranjeros con derecho a residir en el país. Aunque el argumento para ello fue el de ejercer un mayor control de la sanidad pública, lo cierto es que a partir de ese momento unas 800.000 personas en situación irregular no pudieron acceder al servicio sanitario básico. Recordemos que el hecho de no contar con un documento de identidad es un fallo administrativo, nunca legal, y que en ningún caso tendría que haberse convertido en un obstáculo para la prestación del servicio sanitario.

2. Brechas en la distribución de la renta en España

La desigualdad social en nuestro país está presente en muchos aspectos del día a día, como por ejemplo en el nivel de renta de las personas. En un informe que publicó Oxfam Intermón a inicios de este año, “Una economía para el 99%” se reflejaba la magnitud de dicha brecha: las personas con mayores ingresos tienen en sus manos casi el 25% de toda la renta nacional; el 50% más pobre suma un porcentaje similar, el 26,3%. Además, casi el 85% del peso fiscal (contribuciones e impuestos) recae sobre las familias españolas, mientras que las empresas, incluidas las multinacionales que operan en el país, solo tienen un peso fiscal del 13%. Actualmente, España es el segundo estado europeo donde más crece la desigualdad social.

3. Acceso restringido a los refugiados y refugiadas en Europa

Hace apenas unos meses, la Unión Europea llegó a un acuerdo con Turquía para controlar el alto flujo de personas refugiadas que en los últimos años han huido de sus hogares por culpa de la guerra y la violencia. Y lo hizo restringiendo el paso de estas personas y delegando en sus fuerzas de seguridad el derecho a deportar a los refugiados sin siquiera tener en cuenta razones humanitarias. Tras casi un año de vigencia de la medida, el saldo es negativo en lo que tiene que ver con el respeto de los Derechos Humanos.

4. Limitación de derechos a mujeres agricultoras en Marruecos

Las mujeres agricultoras del norte de Marruecos, específicamente las que se dedican al cultivo de la fresa (unas 20,000), sufren violaciones de sus derechos laborales. La gran mayoría de ellas tiene escasa formación y no cuenta con otras opciones de supervivencia, lo cual les obliga a aceptar las condiciones deplorables que les ofrecen las empresas que se dedican a la explotación de este recurso. Es un claro ejemplo de desigualdad social a un grupo concreto.

¿Podemos esperar 75 años para lograr la igualdad salarial? La brecha salarial entre hombres y mujeres se mantendrá durante los próximos 75 años si seguimos el ritmo actual de cambio. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Desigualdad social: consecuencias para el futuro

A la hora de examinar las consecuencias de la desigualdad social, es preciso afirmar que esta no solo se traduce en la inequidad de ingresos y rentas, sino también en otros factores. Veamos algunos de ellos:

  • Inmigración y desplazamiento forzoso. La marginación y la exclusión son dos de las principales razones para que las personas decidan dejar sus hogares e ir en busca de una vida mejor. De ahí los altos flujos migratorios hacia las zonas del mundo más desarrolladas, por ejemplo, Europa o Estados Unidos. Cuando el principal motivo para ello son las guerras, se habla de desplazamiento forzoso.
  • Excluir a determinados grupos sociales genera un incremento en los índices de pobreza. Al haber menos recursos y oportunidades para ascender en la pirámide social, las personas desfavorecidas quedan condenadas a ocupar un renglón secundario o terciario en las sociedades.
  • Desnutrición y crisis alimentarias. La capacidad adquisitiva limitada se refleja inmediatamente en los ingresos y, sobre todo, en cuestiones como el tipo de alimentación. Los contextos marcados por la pobreza son el caldo de cultivo idóneo para problemas como la desnutrición y, en los casos más agudos, las crisis alimentarias. No es extraño, pues, que los países más pobres del mundo sean los últimos en las listas de bienestar alimentario.
  • Uno de los derechos fundamentales que se ve afectado en contextos de desigualdad social es la educación, algo que a su vez genera un tipo de sociedad con menor acceso al conocimiento y menos consciente del rol de sus ciudadanos. La educación es un sinónimo directo de oportunidades, desarrollo, emprendimiento y herramientas de superación.

Oxfam Intermón y su lucha contra la desigualdad social en el mundo

La lucha contra la desigualdad social es uno de los ejes centrales de la acción que lleva a cabo Oxfam Intermón en los países donde tiene presencia. En ese sentido, su apuesta es el desarrollo social estructural, es decir, la puesta en marcha de proyectos que supongan mejoras para la calidad de vida de las personas, siendo estas mismas las encargadas de ejecutarlos y protagonizarlos.

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Manifestación en Barcelona contra los rectores sociales, Marzo de 2012 © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Y tú, ¿qué haces a diario para luchar contra la desigualdad social? Toma parte activa en este proceso: ¡cada pequeña contribución es un paso más para erradicarla!

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