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El clima está cambiando. Como llevan publicando varios medios, ¡el año 2015 fue el más caluroso jamás registrado!

Los avances tecnológicos que hemos presenciado en el último medio siglo han supuesto innumerables beneficios para el ser humano. Han hecho nuestra vida más sencilla y nos han permitido explorar campos del conocimiento hasta entonces desconocidos. Hasta aquí, todo bien, ¿no?

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Marcha por el Clima en Barcelona en noviembre de 2015. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

No obstante, también han provocado inmensos retos. Uno de los más importantes ha sido y sigue siendo el cuidado y la conservación del planeta en el que vivimos, pues los niveles de industrialización y desarrollo de nuestras sociedades se han convertido, paradójicamente, en una amenaza latente. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Para las familias con hijos e hijas, esta es una pregunta recurrente, pues comparten la preocupación por el tipo de planeta que les legarán.

El reto de todos y todas, incluyendo instituciones, organismos y gobiernos, es cómo hacer compatible los niveles de desarrollo con la sostenibilidad de los entornos. Lo que está en juego es nada más y nada menos que nuestro bienestar. ¿Te parece poco?

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Amenazas ecológicas actuales. ¿Cuáles son?

Pese a la preocupación que ha surgido en los últimos años en torno al medioambiente, los habitantes del planeta Tierra nos enfrentamos a serias amenazas que, de no ser atajadas a tiempo y con soluciones eficaces, podrían poner en riesgo la supervivencia de las especies animales y también de la nuestra. ¡Tomemos conciencia!

La lista de problemas ecológicos actuales es larga y, peor aún, parece ampliarse día a día. A continuación mencionamos los más significativos:

1) Cambio climático

Se trata de la principal preocupación en este terreno. Los cambios meteorológicos que apreciamos en la actualidad son producto de la acción humana, cuyos métodos están provocando graves daños en los ciclos naturales de la Tierra. 

Y en puntos del planeta, como Burkina Faso, hay familias que padecen las consecuencias de un clima errático. Ahora, las épocas de lluvia y sequía son diferentes. La temporada de lluvia es más corta pero el agua cae con mucha mayor intensidad. En cambio, la temporada seca se ha prolongado. Esto afecta negativamente a sus huertos domésticos. La tierra de cultivo se resiente, sus cosechas son escasas y no disponen de suficientes alimentos hasta la próxima cosecha. 

Oxfam Intermón está trabajando para aumentar su resiliencia al cambio climático a través de la distribución de semillas de niembé, sorgo y mijo, que aunque no llueva mucho podrán crecer fuertes y madurar rápidamente.

Algunas personas expertas en la materia señalan que ya es algo irreversible y que, por tanto, la única manera de avanzar consiste en modificar nuestras conductas de consumo y las de nuestras familias, y crear modelos de desarrollo que sean compatibles con los entornos. La contaminación y el mal uso de los recursos naturales son las principales causas del cambio climático. ¡Está en nuestras manos!

2) Sobrexplotación de los recursos

La sobrexplotación de la Tierra y algunas dinámicas industriales han provocado que los recursos naturales escaseen. No solo se tata de minerales como el hierro, el petróleo o el cobre, sino también de recursos básicos para la supervivencia de nuestra especie como el agua. Esto ha provocado la pérdida de la biodiversidad, la extinción de especies animales y el desplazamiento de millones de personas y familias, que deben migrar a otros sitios para garantizar su seguridad alimentaria y sanitaria. 

Greenpeace trabaja activamente para alertar del abuso que el ser humano está haciendo sobre los recursos pesqueros y el peligro de no apostar por la pesca sostenible, y nos indica que más del 60% de las poblaciones mundiales de peces se estiman sobreexplotadas. ¡De nuevo, las cifras hablan! 

Recientemente te explicábamos que ya hay una serie de alimentos que se consideran en peligro de extinción, y, precisamente, entre ellos encontramos el atún rojo o el pez espada. 

¿Nos quedaremos de brazos cruzados? ¡Claro que no! Ponte manos a la obra con tu familia. Por ejemplo, empieza a comer bien o a practicar pequeños gestos de consumo responsable. ¡Todo suma!

3) Contaminación

Desde hace algunas décadas, los residuos que generamos sobrepasan la capacidad de la Tierra para eliminarlos. Las basuras en ríos, océanos y suelos están generando graves daños para el equilibrio terrestre, además de los residuos químicos que se mezclan en el aire que respiramos. La campaña Detox de Greenpeace informa, desde hace años, a la ciudadanía del perjuicio que está ocasionando la industria textil al medio ambiente, e invita a reflexionar sobre las políticas de consumo actuales.

Incluso cada vez son más las enfermedades actuales que provienen de la creciente contaminación a la que estamos expuestos. La Organización Mundial de la Salud estimaba en 2016 que la contaminación ambiental del aire era la razón de los más de 4 millones de fallecimientos prematuros anuales en el mundo. ¡Tomemos conciencia! Y cambiemos los hábitos. ¿Quieres ideas? Puedes elegir prendas de Comercio Justo para ti y tu familia, como son los textiles Veraluna, confeccionados con fibras ecológicas, o seguir hábitos que ayuden a reducir la contaminación.

4) Calentamiento global

La presencia de elementos químicos en el aire, especialmente cloro y bromo, ha provocado que las moléculas de la capa de ozono se separen y se generan grandes orificios. Esta capa es nuestra principal defensa contra los rayos solares, que de este modo golpean con mayor fuerza en la Tierra y son fuente de enfermedades como el cáncer y el origen de otros desastres ambientales, como el deterioro de grandes extensiones de la tierra, el deshielo de los polos y la sequía de ríos y lagos. ¿Y cuál es nuestro papel? Primero, tomar conciencia de la situación, y luego, actuar para mitigar nuestra huella. En tu hogar puedes poner en marcha sencillas iniciativas, como construir un huerto doméstico o realizar con tus niños y niñas manualidades con materiales reciclados.

Las soluciones deben ser lideradas por organismos políticos de alcance mundial. Sin embargo, en nuestro rol de ciudadanos y ciudadanas o como progenitores también podemos contribuir a paliar los efectos nocivos sobre el medioambiente. Pero, ¿cómo? Por ejemplo, modificando nuestros hábitos de consumo por modelos más responsables, reciclando los distintos tipos de residuos que generamos y colaborando con las redes de comercio solidarias de Comercio Justo. ¿Empezamos?

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